giovedì 8 novembre 2012

"Mi Reino no viene de este mundo..." N.S.Jesucristo REY UNIVERSAL, San Juan 18, 33-37; 25 Nov. 2012



Se acercan los príncipes de los sacerdotes, los escribas y ancianos. Saludan con inclinaciones serviles y se detienen en la plazoleta que está ante el pretorio, más allá de los tres escalones del vestíbulo.
"Hablad y sed breves. Os habéis hecho ya sospechosos por haber turbado el reposo nocturno, y haber obligado por la fuerza que se os abrieran las puertas. Lo verificaré. Y tanto los que os dieron las órdenes como los que obedecisteis responderéis de ello." Pilatos ha ido a ellos, quedándose dentro del vestíbulo.
"Hemos venido a someter a Roma, a cuyo divino emperador representas, nuestra sentencia contra éste."
"¿De qué le acusáis? Me parece inofensivo."
"Si no fuera un malhechor no te lo hubiéramos traído." Y con el ansia de acusar dan unos pasos hacia adelante.
"¡Rechazad a esa plebe! Seis pasos más allá de los escalones de la plazoleta. ¡Las dos centurias a las armas!"
Los soldados obedecen rápidamente. Se alinean cien sobre la parte exterior más alta, con las espaldas dando al vestíbulo, y cien en la plazoleta que da al portón de entrada donde vive Pilatos. He dicho portón: lo llamaría arco triunfal porque es un amplio espacio con un cancel, ahora abierto, que penetra en el atrio por el largo corredor del ancho vestíbulo de unos seis metros, de modo que se ve bien lo que sucede en el atrio elevado. Más allá del vestíbulo se distinguen las caras brutales de los judíos que, amenazadoras y satánicas, miran hacia el interior, más allá de los soldados, que codo con codo, como si fuese un desfile, presentan doscientas puntas a esos conejos asesinos.
"Repito ¿qué acusación traéis contra éste?"
"Ha cometido un delito contra la ley de nuestros padres."
"¿Y para esto venís a molestarme? Tomadlo vosotros y juzgadlo según vuestras leyes."
"No podemos matar a nadie. No somos doctos. El derecho hebreo es una insignificancia respecto al perfecto derecho de Roma. Como ignorantes y súbditos de Roma, maestra, tenemos necesidad de..."
"¿Desde cuándo a estas fechas sois miel y mantequilla?... Habéis dicho una verdad, ¡vosotros maestros de la mentira! ¡Tenéis necesidad de Roma! Sí, para desembarazaros de éste que os da fastidio. He comprendido." Y Pilatos mira hacia el cielo sereno que se perfila como una laja cuadrada de turquesa oscura entre las paredes blancas de mármol del atrio.
"Decid: ¿cuál ha sido el delito que cometió contra vuestras leyes?"
"Hemos descubierto que introducía el desorden en nuestra nación y que impedía que se pagase el tributo a César, llamándose el Mesías, rey de los judíos."
Pilatos se dirige ahora a Jesús que está en el centro del atrio. Sigue amarrado, pero sin soldados. La mansedumbre se refleja en su persona. Le pregunta: "¿Eres Tú rey de los judíos?"
"¿Quieres saberlo tú, o por insinuación de otros?"
"Y a mí que me va con tu Reino. ¿Soy acaso judío? Tu nación y sus jefes te han consignado a mí para que te juzgue. ¿Qué has hecho? Sé que eres leal. Habla. ¿Es verdad que aspiras al Reino?"
"Mi Reino no viene de este mundo. Si fuese un Reino del mundo, mis siervos y mis soldados hubieran combatido, para que los judíos no me hubieran capturado. Mi reino no es de la tierra. Tú sabes que no aspiro al poder."
"Lo sé. Es verdad. Me lo han dicho. Pero no niegas ser rey."
"Tú lo has dicho. Yo soy rey. Para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Quien es amigo de la verdad escucha mi voz."
"¿Qué es la verdad? ¿Eres filósofo? Esto no sirve para nada ante la muerte. Sócrates murió lo mismo."
"Pero le sirvió en la vida, tanto para vivir bien como para morir, y en la otra vida para no llevar el nombre de traidor a las virtudes cívicas."
"¡Por Júpiter!" Pilatos por unos instantes lo mira sorprendido. Luego le vuelve su sarcasmo de escéptico. Hace como si estuviera cansado vuelve la espalda a Jesús, regresa a donde los judíos.
"No encuentro ninguna culpa en El."
La plebe se encabrita, llena de temor de que fuera a perder su presa, y el espectáculo de la cruz. Grita: "¡Es un rebelde!", "¡Un blasfemo!", "¡Empuja al libertinaje!", "Excita a la rebelión", "Niega el respeto a César", "Subleva al pueblo con su doctrina enseñando por toda la Judea, a la que llegó desde la Galilea", "¡A la muerte!", "¡A la muerte!"
"¿Es galileo?... ¿Eres galileo?" Pilatos se vuelve a Jesús: ¿Has oído cómo te acusan? Defiéndete."
Jesús no responde. Pilatos piensa... decide. "Una centuria se lo lleve a donde Herodes. Que lo juzgue. Es su súbdito. Reconozco el derecho del Tetrarca, y de antemano acepto su veredicto. Que se le comunique. Id."