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lunedì 8 febbraio 2016

El quinto y el ultimo engaño.


PUNTO 3 
de la Consideraciòn 23


 «Aún soy joven... Dios se compadece de la juventud, y más tarde me entregaré a Él.» Consideremos este quinto engaño. Eres joven: ¿mas no sabes que Dios no cuenta los años, sino los pecados de cada hombre?... ¿Cuántos has cometido?... Muchos ancianos habrá que no hayan hecho ni la décima parte de los que tú hiciste. ¿Ignoras que el Señor tiene determinados el número y medida de las culpas que a cada pecador ha de perdonar? 

«El Señor—dice la Escritura (2 Mac., 6, 14)—sufre con paciencia para castigar a las naciones en el colmo de sus pecados cuando viniere el día del juicio.» Lo cual significa que el Señor es paciente y sufre y espera hasta cierto limite; mas no bien se colma la medida de los pecados que a cada hombre quiere perdonar, cesa el perdón y se ejecuta el castigo, enviando de improviso la muerte al pecador en el estado de condenación en que éste se halle, o abandonándole a su pecado, que es pena peor que la misma muerte (Is., 5). 

 Si tenéis una tierra de labor y la cercáis con setos, y a pesar de haberla cultivado muchos años y de haber hecho en ella gastos considerables, veis que, con todo eso, no os da fruto alguno, ¿qué haréis?... Le arrancaréis el cercado y la dejaréis abandonada. 

 Temed que Dios no haga eso mismo con vosotros. Si seguís pecando, iréis perdiendo el remordimiento de conciencia; no pensaréis en la eternidad ni en vuestra alma; perderéis casi del todo la luz que nos guía, acabaréis por perder todo temor... Pues ya con eso quitada está la cerca que os defendía. Ya llegó el abandono de Dios. 
*
 Examinemos, en fin, el último engaño


Dices: «Verdad es que por ese pecado perderé la gracia de Dios y quedaré condenado al infierno. Puede, pues, suceder que 27 me condeno ; mas también puede acaecer que luego me confiese y me salve...» 
Concedo que así pudiera ser. Quizá te salves. No soy profeta, y no me es dado asegurar con certidumbre que después de ese nuevo pecado no habrá ya para ti perdón de Dios. 

 Mas no me negarás que si con tantas gracias como el Señor te ha concedido todavía vuelves a ofenderle, es sumamente fácil que para siempre te pierdas. Así lo patentiza la Sagrada Escritura (Ecl., 3, 27): «El corazón obstinado mal se hallará en sus postrimerías.» «Los que proceden malignamente serán exterminados» (Sal. 36, 9). «El que siembra pecados, recogerá, al fin, penas y tormentos» (Gal., 6, 8). «Os llamé—dice Dios (Pr., 1, 24- 26)—y me rechazasteis... Yo también me reiré en vuestra muerte.» «Mía es la venganza, y Yo les daré el pago a su tiempo» Dt., 32, 35). 

Así habla de los pecadores obstinados la Sagrada Escritura, y así lo exigen la razón y la justicia. 

Y, sin embargo, dices que, a pesar de todo, quizá te salvarás. 

Repetiré que no es imposible; pero ¿no es tremenda locura confiar la eterna salvación a un quizá, y a un quizá tan poco probable? ¿Es negocio éste de tan corto valer, que podemos ponerle en tan grave riesgo? 

 AFECTOS Y SÚPLICAS 


Amadísimo Redentor mío: Postrado a vuestros pies, os agradezco con toda mi alma que, a pesar de mis muchas culpas, no me hayáis abandonado. ¡ Cuántos que os habrán ofendido menos que yo no habrán recibido las inspiraciones que ahora me dais! Bien veo que deseáis salvarme, y yo uno a los vuestros mis deseos. Quiero ensalzar en el Cielo eternamente vuestra misericordia. 

 Espero, Señor, que me habréis perdonado; pero si todavía no he recuperado vuestra gracia por no haber sa- 28 bido arrepentirme de mis culpas, ahora me arrepiento de todo corazón, y las detesto sobre todos los males. 

Perdonadme, por piedad, y aumentad en mí el dolor de haberos ofendido a Vos, Dios mío, Bondad Suma e inefable. Dadme dolor y amor, pues aunque os amo sobre todas las cosas, harto poco es; quiero amaros más, y a Vos pido y de Vos espero alcanzar ese amor. Oídme, Jesús mío, ya que prometisteis oír al que os suplica... 

¡Oh Virgen María, Madre de Dios!, el mundo entero afirma que nunca dejáis desconsolado al que a Vos se encomienda. Y pues sois, después de Jesucristo, mi única esperanza, a Vos, Señora, acudo, y en Vos confío. Encomendadme a vuestro Hijo y salvadme. 



sabato 6 febbraio 2016

El tercer engaño y el cuarto engaño.


Engaños que el enemigo sugiere al pecador
PUNTO 2

Dices que el Señor es Dios de misericordia. Aquí se
oculta el tercer engaño, comunísimo entre los pecadores,
y por el cual no pocos se condenan. Escribe un sabio
autor que más almas envía al infierno la misericordia
que la justicia de Dios, porque los pecadores, confiando
temerariamente en aquélla, no dejan de pecar, y se
pierden.

El Señor es Dios de misericordia, ¿quién lo niega? Y, sin
embargo, ¡ a cuántas almas manda Dios cada día a penas
eternas! Es, en verdad, misericordioso, pero también es
justo; y por ello se ve obligado a castigar a quien le
ofende. Usa de misericordia con los que le temen (Sal.,
102, 11-13).

Pero en los que le desprecian y abusan de la clemencia
divina para más ofenderle, tiene que responder sólo la
justicia de Dios. Y con grave motivo, porque el Señor perdona
el pecado, mas no puede perdonar la voluntad de
pecar.

El que peca—dice San Agustín—pensando en que se
arrepentirá después de haber pecado, no es penitente,
sino que hace burla y menosprecio de Dios. Además, el
Apóstol nos advierte (Ga., 6, 7) que de Dios nadie se
burla; ¿y qué irrisión mayor habría que ofenderle cómo y
cuándo quisiéramos, y luego aspirar a la gloria?
«Pero asi como Dios fué tan misericordioso conmigo en
mi vida pasada, espero que lo será también en lo venidero» 
Este es el cuarto engaño. De modo que porque el
Señor se ha compadecido de ti hasta ahora, ¿habrá de
ser siempre clemente y no te castigará jamás?... Antes
bien, cuanto mayor haya sido su clemencia, tanto más debes
temer que no vuelva a perdonarte, y que te castigue
con rigor apenas le ofendas de nuevo. «No digáis—exclama
el Eclesiástico (5, 4)—he pecado, y no he recibido castigo,
porque el Altísimo, aunque es paciente, nos da lo
que merecemos.»

Cuando llega su misericordia al limite que para cada
pecador tiene determinado, entonces le castiga por
todas las culpas que el ingrato cometió. Y la pena será
tanto más dura cuanto más largo hubiere sido el tiempo
en que Dios esperó al culpado, dice San Gregorio.

Si vieras, pues, hermano mío, que, a pesar de tus frecuentes
ofensas a Dios, aún no has sido castigado, debes
decir: «Señor, grande es mi gratitud, porque me habéis
librado del infierno, que tantas veces merecí.» Considera
que muchos pecadores, por culpas harto menos graves
que las tuyas, se han condenado irremisiblemente, y trata
además de satisfacer por tus pecados con el ejercicio
de la paciencia y de otras buenas obras.

La benevolencia con que Dios te ha tratado debe animarte
no sólo a dejar de ofenderle, sino a servirle y amarle
siempre, ya que contigo mostró inmensa misericordia,
a otros muchos negada.

AFECTOS Y SÚPLICAS

Jesús mío crucificado, mi Redentor y mi Dios: a vuestras
plantas se postra este traidor infame, avergonzándose de
comparecer ante vuestra presencia. ¡Cuántas veces os
he menospreciado! ¡Cuántas veces prometí no ofenderos
más! Pero mis promesas fueron otras tantas traiciones,
pues no bien se me ofreció ocasión de pecar, olvídeme de
Vos y os abandoné nuevamente. Os doy mil gracias
porque me habéis librado del infierno y me permitís estar
a vuestros pies, e ilumináis mi alma y me atraéis a
vuestro amor.

¡Quiero amaros, Salvador mío, y no despreciaros más,
que bastante me habéis esperado! ¡ Infeliz de mí si, a
pesar de tantas gracias, volviese a ofenderos! Deseo,
Señor, mudar de vida y amaros tanto como os he
ofendido, y me llena de consuelo el considerar que sois
bondad infinita.

Duéleme de todo corazón de haberos despreciado, y os
ofrezco todo mi amor en lo sucesivo. Perdonadme por
los merecimientos de vuestra sagrada Pasión; olvidad los
pecados con que os injurié, y dadme fuerzas para seros
fiel siempre. Os amo, Sumo Bien mío; espero amaros
eternamente, y no quiero volver a abandonaros...
¡ Oh María, Madre de Dios, unidme a mi Señor Jesucristo,
y alcanzadme la gracia de que yo no me aparte jamás
de sus benditos pies!... En Vos confío.


AMDG et BVM