venerdì 22 febbraio 2013

Tributo all'Immacolata Vergine Maria



Tributo Cotidiano
al Corazón Inmaculato
de la Santísima Virgen María



¡AVE MARIA PURISIMA!

PRESENTACION

Ofreciendo a todos los devotos de la Santísima Virgen esta bella y eficaz devoción mariana "Ofrenda Cotidiana..", queremos recordar cuanto - en relación a esta devoción - escribió el insigne Mariólogo servita P. Gabriel Rosquini (+8-9-1977) en su obra, "La Virgen según la fe y la teologia":

"Estas son oraciones llenas de suave unción, extraordinariamente conformes a las necesidades del Espíritu y las exigencias de una filial piedad hacia nuestra Santísima Madre Celestial.

"Cuentan como un día San Vicente Palotti fue invitado a exorcizar un obseso. Movido de divino instinto, el santo puso sobre la cabeza del obseso el librito "Ofrenda Cotidiana" que tenía en sus manos y juntos preguntó al demónio: "<¿Se pudo condenar algún Cristiano que haya sido fiel en rezar esta Ofrenda Cotidiana"?. El demónio no respondió. No queria contestar, mas el Santo lo obligó a responder. En él nombre de Dios! y el diablo con voz terrible le dijo: "¡Nunca! Más bien - llevando al colmo nuestra rabia y desesperación - también nos está prohibido tentar en la hora de la muerte todos aquellos que durante su vida fueron fieles a esta devoción".

Seamos, pues, archidevotísimos de la SS.ma Virgen María, como lo fueron todos los Santos. San Juan Bosco cuando soñó a Santo Domingo Savio envuelto de gloria celestial le preguntò:
"¿Qué te hizo más feliz al momento de la muerte?"
"Lo que más me consolò fue la presencia de la Madre de Dios. El haber sido devoto de la Virgen María" fue la sencilla respuesta de aquel discípulo predilecto.

¡Sean por siempre alabados Jesus y María!




Ofrenda Cotidiana de Oración
a la Inmaculada Virgen María,
Madre de la Divina Gracia,
Rosa Mistica y Puerta del Cielo.


ORACION

Señor Jesucristo, por tu infinita misericordia, Te rogamos hacernos dignos de alabar con todos los Santos del Cielo, a la Santísima Virgen María, tu Madre. Concédenos en cada día ofrecer a su Corazón Inmaculado, nuestra alabanza y nuestras oraciones para poder vivir y morir santamente en tu amor. Amén.
"Díos Te salve, María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el Fruto de tu vientre, Jesús".
"Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.  Amén".

V. Ilumina mis ojos para no morir en pecado.
R. Y mi enemigo no pueda jactarse de haberme vencido.

V. ¡Oh Dios!  ayúdame.
R. ¡Señor, sálvame!

     "Gloria al Padre y al Hijo  *y al Espíritu Santo.
     Como era en principio ahora y siempre  *por los siglos de los siglos. Amén".







HIMNO:

Salve, del mar Estrella,
Salve, Madre sagrada
De Dios y siempre virgen,
Puerta del cielo santa.

Tomando de Gabriel
EI "Ave", Virgen alma,
Mudando el nombre de Eva,
Paces divinas trata.

La vista restituye,
Las cadenas desata,
Todos los males quita,
Todos los bienes causa.

Muéstrate Madre, y llegue
Por Ti nuestra esperanza
A quien, por darnos vida,
Nació de tus entrañas.

Entre todas piadosa,
Virgen, en nuestras almas,
Libres de culpa, infunde
Virtud humilde y casta.

Vida nos presta pura,
Camino firme allana,
Que quien a Jesús llega
Eterno gozo alcanza.

Al Padre, al Hijo, al Santo
Espíritu alabanzas;
Una a los tres le demos,
Y siempre eternas gracias. Amén.

Ven Espiritu Santo Ven
por la poderosa intercesiòn
del Corazòn Inmaculato de Marìa
tu Esposa amadisima!



Corazón Inmaculado de María,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amen.



¡Dulce Corazón de María!
Sé la salvación del alma mía.


DOMINGO
Oración cotidiana, pág 3 y 4.


Ant. 1. Conforta Virgen María al alma de quien Te invoca: tu misericordia y tu gracia por todas partes son ensalzadas.

SALMO 1

Dichoso quien honra tu nombre, Virgen María, *Tu gracia consolará su espíritu.
Será como un jardín a orillas del arroyo, *Tu producirás en él frutos de santidad.
Bendita eres tú entre las mujeres *por la fe y la humildad de tu Corazón.
Tú eres la más bella de todas las criaturas * y mas santa de los Angeles y Arcàngeles.
Tu misericordia y tu gracia son ensalzadas en todo lugar, *Dios ha bendecido tus obras.
Gloria...

Ant. Conforta, Virgen María, el alma de quien Te invoca, tu misericordia y tu gracia son por doquier ensalzadas.
Ant. 2. Defiéndenos, Madre de Dios, con tu protección y ampara y conforta nuestra alma.

SALMO 2

¿Por qué se amotinan nuestros enemigos * y hacen proyectos vanos contra nosotros?
Nos proteja, Madre de Dios, tu diestra * y cual terrible ejército los destruya.
Acudid a Ella, todas los que estáis afligidos en tribulaciones, *Ella consolará vuestra alma.
Acercaos a Ella en las tentaciones * y la serenidad de su rostro os consolará.
BendecidLa con todo el corazón * porque la tierra está llena de su misericordia.
 Gloria...


Ant. Defiéndenos, Madre de Dios, con tu protección y ampara y conforta nuestra alma.
Ant. 3. Llévame, Madre, al puerto de salvación, y en el día de la muerte consuela mi alma.

SALMO 3

¿Por qué, Madre, tan numerosos son mis opresores? * Derríbalos con tu potencia.
Rompe las cadenas de nuestra impiedad, * alivia las cargas de mis culpas.
Ten misericordia, Madre, y sana mis enfermedades, * consuela el dolor y la angustia de mi corazón.
No caiga en las manos de mis enemigos, * ten piedad y alíviame en el día de la muerte.
Llévame al puerto de salvación * y eleva mi espíritu hacia su Creador.
Gloria

Ant.  Llévame, Madre, al puerto de salvación y en el día de la muerte consuela mi alma.
Ant. 4. Asístenos, Madre, en la hora de la muerte y auxilia nuestra alma cuando deje el cuerpo.

SALMO 19

Escúchanos, Madre, en el día de la angústia * atiende piadosa nuestra oración.
No nos abandones en la hora de la muerte, * mas auxilianos cuando nuestra alma deje el cuerpo.
Envíale el Santo Angel * para defenderla de los enemigos.
Muéstrale sereno el Juez de los siglos * y por tu gracia reciba el perdón.
Sienta en toda pena tu auxilio * y resérvale un puesto entre los elegidos de Dios.
Gloria...

Ant. Atiéndenos, Madre, en la hora de la muerte y auxilia nuestra alma cuando abandone el cuerpo.
Ant.  5. Guíame, Madre, a la patria celestial y en el día de la muerte acógeme benigna.


SALMO 24

A Ti, Madre, he elevado mi corazón * por tu oración sácame feliz del juicio de Dios.
Que no triunfen de mi mis enemigos * porque en Ti confiando encuentro fortaleza.
No caiga entre ensidias mortales * y las fuerzas del mal no obscurezcan el recto camino.
Tu poder me libre de toda desgracia * y tu benignidad guarde mi alma.
DígnaTe  guiarme a la patria celestial  * y unirme a los ejércitos de los ángeles.
Gloria...

Ant. Guíame, Madre, a la patria celestial y en el día de la muerte acógeme benigna.

V. María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia.
R. En la vida y en la muerte, ampáranos, dulce Madre.

V. Ilumina nuestros ojos para no morir en pecado.
R. Ni pueda nuestro adversario jactarse de habernos vencido.

V. Sálvanos de la violencia del enemigo.
R. Preserva de su poder nuestra alma.

V. Sálvanos, por tu misericordia.
R. Madre, no quedaremos nunca defraudados habiéndoTe invocado.

V. Ruega por nosotros pecadores.
R. Ahora y en la hora de nuestra muerte.

V. Escucha Madre, nuestra oración.
R. Y llegue a ti nuestro clamor.

ORACION:

Virgen Santísima, inmensa fue la compasión de tu Corazón en conocer la captura y condena a la cruz de tu amadísimo Hijo!
Por este tu dolor muévenos a un perfecto arrepentimiento de nuestros pecados, para que en la hora de nuestra muerte el alma no tema el encuentro del infernal enemigo y la vista del divino Juez. Mas muéstranos alegre su rostro para disfrutar inefable gozo.
Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

Cántico y Oración final:  pág. 30/34



LUNES
Oración cotidiana, pág 3 y 4.


Ant. 1.  En tus manos, Madre, encomiendo mi espíritu, toda mi vida y mi último día.

SALMO 30

En ti, Madre, puse mi esperanza, que jamás quede yo defraudado, * recíbeme en tu gracia.
Atiéndeme y escúchame, * y en la angustia alégrame.
Tú eres mi roca de refugio, * tú mi fortaleza y defensa.
A ti clamé en la tristeza de mi corazón * y tú desde el cielo me curaste.
En tus manos, Madre, encomiendo mi espíritu, toda mi vida y mi último día.
Gloria...

Ant.   En tus manos, Madre, encomiendo mi espíritu, toda mi vida y mi último día.
Ant. 2.  Piedad de mi desde el cielo, Madre, y en la hora de la muerte me asista tu gracia.



SALMO 38

He decidido, Madre, controlar mi vida * cuando me concediste la gracia de Jesucristo.
Tu dulzura ha enternecido mi corazón, * y en mi alma se encendió la llama de tu amor.
Escucha, Madre, mi oración filial, * y sean derrotados los que me persiguen a muerte.
Ten piedad de mi desde tu gran trono, * no me abandones confundido en este valle de miseria.
Sostén mi pie para que no caiga, * y al momento de la muerte me asista tu gracia.
Gloria...

Ant.  Piedad de mi desde el cielo, Madre, y en la hora de la muerte me asista tu gracia.
Ant. 3.  Tu intercesión fortalezca mi alma y me ponga a salvo en el día de mi muerte.


SALMO 42

Hazme justicia, Madre, y defiende mi causa contra gente desleal, * líbrame de la serpiente inmunda y maligna.
Tú, nuestra Madre, dispérsala;  * Tú, Virgen Inmaculada, aplástale la cabeza.
Tus oraciones me hagan fuerte contra sus seducciones,  * y tus méritos destruyan su imperio.
Precipita en el abismo al perseguidor de mi alma, * arrójale vivo al estanque de fuego y azufre.
Yo en la tierra celebraré  tu nombre * y cantaré ahora y por siempre tu gloria.
Gloria...

Ant.  Tu intercesión fortalezca mi alma y me ponga a salvo en el día de la muerte.
Ant.  4.  En mi humillación, Madre, atiendo tu misericordia porque angustias mortales me oprimen.


SALMO 44

Escucha, Madre, mi oración,  * levántate y no rechaces mi suplica.
Muy profundarnente me he entristecido * al pensar en el juicio de Dios.
Me envolvieron sombras de muerte, * el temor del infierno me aplastó.
Hundido en la soledad espero tu consuelo, * y en la humiliación tu misericordia.
Glorifica ahora tu potencia, * y sean derrotados todos mis enemigos.
Gloria...

Ant.  En mi humiliación, Madre, atiendo tu misericordia porque angustias mortales me oprimen.
Ant. 5. Dame, Madre, paz y salvación en el último día, e inspírame una santa confianza en Ti, en vida y en muerte.

SALMO 63

Mis oraciones, Madre, suban a Ti, * guarda mi vida del terror del enemigo.
Dale a tus hijos, Madre, paz y salvación,  *en el día del tremendo juicio.
¡Bendita eres tu entre las mujeres * y bendito el fruto de tu vientre!
Ilumina, Madre, mis ojos, * y alumbra mi ceguedad.
Concédeme benigna la santa confianza en Ti, * mientras viva y en la hora de mi muerte.
Gloria...

Ant. Dame, Madre, paz y salvación en el último día e inspirame una santa confianza en Ti, en vida y muerte.

V. María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia.
R. En la vida y en la muerte ampáranos, Dulce Madre.

V. Ilumina nuestros ojos para no morir en pecado.
R. Ni pueda nuestro adversario jactarse de habernos vencido.

V. Sàlvanos de la violencia del enemigo.
R. Preserva de su poder nuestra alma.

V. Sàlvanos, por tu misericordia.
R. Madre, no quedaremos nunca défraudados habiéndoTe invocado.

V. Ruega por nosotros pecadores.
R. Ahora y en la hora de nuestra muerte.

V. Escucha, Madre, nuestra oración.
R. Y Ilegue a Ti nuestro clamor.

ORACION:

Por las làgrimas que Iloraste viendo tu dulcisimo Hijo, maltratado y desecho, concédenos Virgen dulcísima, dolor por nuestros pecados y lágrimas de saludable contricción.
Líbranos de las tentaciones del enemigo, para no llegar vencidos a la divina presencia del Juez, más bien, arrepentidos de nuestras faltas, obtengamos perdón y gracia.
Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.  Amén.

Cántico  pág. 25-26.
Oración final  pág. 26-27.



MARTES
Oración Cotidiana, pág. 3 y 4.

Ant. 1. Protégeme siempre, Madre, con tu gracia y tu presencia endulze mi muerte.


SALMO 66

Dios tenga piedad de mi y me bendiga * por intercesión de su Madre.
Ten piedad, Madre y ruega por mi,  * cambia en santa alegria mi tristeza.
Resplandece, Estrella del mar, * Virgen fulgidísima, inúndame de luz.
Extingue las pasiones de mi corazón * y seréname con tu gracia.
Me proteja siempre tu socorro, * y tu radiante presencia suavize mi muerte.
Gloria...

Ant.  Protégeme siempre, Madre, con tu gracia, y tu presencia endulze mi muerte.
Ant  2. Ayúdame, Madre, en el juicio, y ante Dios defiende mi causa.

SALMO 72

¡Que bueno es el Señor * para quien honra su Madre Amadísima!
Es Ella la consolación de nuestra vida, * y nuestro segurísimo amparo en las desgracias.
EI adversario arrolló en las tinieblas mi mente, * haz brotar, Madre, la luz en mi corazón.
Aparta de mi la ira de Dios, * aplaca al Señor con tus méritos y oraciones.
Socórreme en el juicio en su presencia, * sé mi Abogada y defiende mi causa.
Gloria...

Ant. Ayúdame, Madre, en el juicio y ante Dios defiende Mi causa.
Ant  3.  Cambia en confianza mi temblor, Madre, y sálvame de los peligros mortales.


SALMO 76

Alzé mi voz a María, mi Madre, * y me escuchó con su bondad.
Quitó de mi corazón la tristeza y la aflicción,* y me colmò de dulzura divina.
Mudó mi temblor en santa confianza, * con su dulce presencia me lléno dé gozo.
Con sus proezas me guió lejos de graves peligros, * y me escapé al poder del maligno enemigo.
Doy gracias al Señor y a Ti, Madre mia, * por todos los dones de tu misericordia.
Gloria…

Ant. Cambia en confianza mi temblor, Madre, y sálvame de los peligros mortales.
Ant. 4. Levántate alma mia y vaya al encuentro de la Reina del cielo.

SALMO 79

Pastor de Israel, escúchame, * hazme digno de honrar a tu Madre.
Despiértate, pobre alma mía, * y gritando de alegría vaya al encuentro de la Reina del cielo.
Corta toda esclavitud, * y recíbeLa entonándoLe cánticos de gloria.
De sus entrañas fluye el latido de la vida, * y de su Corazón lnmaculado irradia toda salvación.
Con la celestial fragancia de sus dones, * las almas vuelven a la vida.
Gloria...

Ant. Levántate alma mia y vaya al encuentro de la Reina del Cielo.
Ant. 5. Nunca me abandones, Madre, en la vida y en la muerte, mas intercede por mí junto a tu Hijo Jesús.

SALMO 83

¡Qué delicia es tu morada, poderosa Reina! * en tu compañía la vida transcurre serena.
HonradLa, pecadores;  * Ella les obtendrá gracia y salvación.
EI ardor de su oración es más grato que todo perfume, * y por su materna mediación Dios concede favores y gloria.
Intercede por mí junto a Jesús, tu Hijo, * y no me abandones en la vida y en la muerte.
Tú eres la fuente de todo bien, * y tu gracia llena la tierra.
Gloria...

Ant.  Nunca me abandones, Madre, en la vida y en la muerte, mas intercede por mí junto a tu Hijo Jesús.

V. María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia.
R. En la vida y en la muerte, ampáranos, dulce Madre.

V. llumina nuestros ojos para no morir en pecado.
R. Ni pueda nuestro adversario jactarse de habernos vencido.

V. Sálvanos de la violencia del enemigo.
R. Preserva de su poder nuestra alma.

V. Sálvanos, por tu misericordia.
R. Madre, no quedaremos nunca defraudados habiéndoTe invocado.

V. Ruega por nosotros pecadores.
R. Ahora y en la hora de nuestra muerte.

V. Escucha, Madre, nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.

ORACION:
Virgen Santisima, por las angustias de tu corazón en conocer la condena a la cruz de tu Hijo amadísimo, socórrenos en los dolores de nuestra agonia. Ayúdanos, Madre, cuando nuestra alma sufrirá las trampas del demonio y temblará pensando al juicio divino; líbranos de la sentencia de la eterna maldición para no ser condenados a las penas del infierno. Por Jesucristo, tu Hijo, Nuestro Señor, Amén.

Cántico y Oración final:  pág. 30/34.




MIERCOLES
Oración Cotidiana, pág. 3 y 4.

Ant 1. Concédenos, Madre, vivir siempre en la gracia del Espíritu Santo y lleva nuestras almas a la salvación eterna.

SALMO 86

Seguridad de vida para el alma del justo, * es perseverar en tu amor todos los días.
Tu gracia alienta al pobre en las adversidades, * la invocación de tu dulce nombre lo colma de confianza.
EI paraíso está lleno de tus misericordias, * y el enemigo infernal está destruido por tu poder.
Tesoros de paz encontrará quien espera en Ti, * quien no sabe invocarTe no llegará al Reino de Dios.
Haznos vivir, Madre, en la gracia del Espíritu Santo, * y lleva nuestras almas a la salvación eterna.
Gloria...

Ant. Concédenos, Madre, vivir siempre en la gracia del Espíritu Santo, y lleva nuestras almas a la salvación eterna.
Ant 2. Al final de la vida brille sobre mí tu rostro amable y tu belleza me inunde de gozo celestial.

SALMO 88

Cantaré eternamente, Madre, * tu misericordia.
EI balsamo de tu piedad sane los contritos de corazón   * y tu misericordia endulce nuestros dolores.
Tu amable rostro brille sobre mi al final de la vida * y tu belleza me inunde de gozo celestial.                      
Excita mi espíritu para amar tu bondad, * y mi entendimiento para exaltar tu grandeza.

Sálvame de los peligros de la tentación, * y libra mi alma de todo pecado.
Gloria...

Ant. Al final de la vida brille sobre mi tu rostro amable y tu belleza me inunde de gozo celestial.
Ant  3. Confiando en Ti, Madre, cosecharé frutos de gracia, y me abrirás la puerta del Cielo.


SALMO 90

Tú que confías en el auxílio de la Madre de  Dios, * vivirás seguro bajo su protección.
EI asalto de los enemigos no te puede alcanzar, * ni la plaga llegará a tu tienda.
La Virgen te salva de las asechanzas del enemigo, * y te ampara bajo su manto.
En los peligros invocad a María, * y vuestra casa será preservada del mal.
Confiando en Ella cosecharás frutos de gracia * y llegarás ciertamente al Cielo.
Gloria...

Ant.  Confiando en Ti, Madre, cosecharé frutos de gracia y me abrirás las puertas del Cielo.
Ant  4. Acoge, Madre, nuestra alma:  y haznos gozar de eterna paz.

SALMO 94

Venid, aclamemos a nuestra Madre, * alabemos a María, Reina de gracia.
Vayamos ante Ella con himnos de alegria, * ofrecémosle con júbilo cantos de alabanza.
Venid, inclinados rindámosle homenaje, * confesémosle en llanto nuestros pecados.
Concédenos, Madre, completo perdon, * ayúdanos en el juicio de Dios, Creador nuestro.
Gloria...

Ant. Acoge, Madre, nuestra alma: y haznos gozar de eterna paz.
Ant. 5. Socórrenos, Madre, en la hora de nuestra muerte y llegaremos al Paraíso.

SALMO 99

Aclamad a nuestra Madre, hijos de los hombres,            * consagraos todos a Ella en regocijo y exultaciόn.
Recurrid a Ella con amor: * y con empeño seguid sus ejemplos.
BuscadLa con afecto y Ella se les rnanifestará,                * sed limpios de corazón y gozarán de. su benevolencia.
Tus protegidos, Madre, tendrán paz y ayuda * mas sin tu ayuda no habrá esperanza de salvación.
Recuérdate de nosotros, Madre, y seremos libres del mal, * asístenos en nuestra muerte y Ilegaremos al Paraíso.
Gloria...

Ant. Socórrenos, Madre, y Ilegarernos al Paraíso.

V. María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia.
R. En la vida y en la muerte, ampáranos, dulce Madre.

V. llumina nuestros ojos para no morir en pecado.
R. Ni pueda nuestro adversario jactarse de habernos vencido.

V. Sálvanos de la violencia del enemigo.
R. Preserva de su poder nuestra alma.

V. Sálvanos, por tu misericordia.
R. Madre, no quedaremos nunca defraudados habiéndoTe invocado.

V. Ruega por nosotros pecadores.
R. Ahora y en la hora de nuestra muerte.

V. Escucha, Madre, nuestra oración.
R. Y llegue a ti nuestro clamor.

ORACION:
Virgen dulcisima, un inmenso dolor Te hirió el alma cuando viste a tu Hijo clavado en la Cruz, Ilagado y lacerado por miles de insultos y crueldades.
En consideración de este indecible sufrimiento llena nuestro corazón de compasión y verdadera contrición; enciéndelo de divino amor, porque nuestra alma sea purificada de los pecados y embellecida de virtudes.    De esta misera vida eleva nuestras aspiraciones y nuestro deseo al Cielo, adonde podamos un día llegar, por Jesucristo, tu Hijo,  Nuestro Señor.
Amén.
Cántico y Oración final:  pág. 30/34.




JUEVES
Oración Cotidiana  pág. 3 y 4.

Ant. 1. Consuela, Madre, a mi alma, en los extremos instantes y defiende mi causa delante del Juez de los siglos.

SALMO 100

Voy a cantar, Madre, a tu misericordia y a tu santidad,  * Voy a exaltar tu nombre y tu gloria
Te ensalzaré en el júbilo del corazón. * Tú serás mi consuelo.
He procurado el honor tuyo y el amor, * defiende mi causa delante del Juez de los siglos.
Seguiré tus caminos de gracia y bondad, * lejos de mi el corazón torcido y desconfiado.
Consuélame en los últimos instantes, * y admíteme en la contemplación del Salvador.
Gloria...

Ant.  Consuela, Madre, a mi alma, en los extremos instantes y defíende mi causa delante del Juez de los siglos.
Ant  2. Derrama, Madre, eterna alegría sobre quien espera en Ti, y no lo abandones en la agonia.

SALMO 103

Bendice, alma mía, a la Bienaventurada Virgen, * su nombre y su gloria viven para siempre.
Tú resplandeces de radiante hermosura, dulce María, * y te ciñe, Madre, un espléndido vestido.
Tú nos das el remedio al pecado * y nos guías a la paz y al amor hermoso.
Llena a tus hijos de santas virtudes * y ten lejos la indignación de Dios.
             Recompensa en alegrla eterna a tus devotos * y no los abandones solos en la agonía.
Gloria...

Ant. Derrama, Madre, eterna alegría sobre quien espera en Ti, y no lo abandones en la agonía.
Ant . 3. Quien invoca tu nombre, María, no le tendrá miedo a la muerte,  pues está destinado a gozar con los Angeles de la paz.

SALMO 110

Te alabaré, Madre, con todo mi corazón, * y Te glorificaré con toda mi alma.
Los prodigios de tu gracia y de tu misericordia * resplandecerán de eterno esplendor delante del trono de Dios.
Por Ti hemos recibido de Dios la Redención, * y la Humanidad tiene firme esperanza de salvación.
Sabios son los que Te honran * y tendrán parte con los Angeles de la paz.
Tu nombre es glorioso y poderoso, * quien lo lleva en el corazón no le tendrá miedo a la muerte.
Gloria...

Ant.  Quien invoca tu nombre, María, no le tendrá miedo a la muerte, pues está destinado a gozar con los Angeles de la paz.
Ant.  4. Cuando mi alma deje este mundo, sal a su encuentro, Madre, y recíbela.

SALMO 113

Cuando mi alma deje este mundo, * ven a recibirla, ¡Oh Madre!
Tú celestial rostro sea su consuelo, * y a la vista de Satanás no tiemble.
Sé Tú  su   divina  escalera  al Reino de los cielos * y la recta vía al Paraíso.
Alcánzale del Padre perdòn y paz * y un premio glorioso con los bienaventurados.
Defiende tus devotos delante del Juez, * piensa maternalmente en su causa.
Gloria...

Ant.  Cuando mi alma deje este mundo, sal a su encuentro, Madre, y recíbela.
Ant. 5. Me cercaron lazos mortales y la visita de María me salvó.

SALMO 114

Yo amo a la Madre del Señor Dios Mío, * su misericordia me iluminò.
Me cercaron lazos mortales * pero la visita de María me salvò.
Yo me hundía en el peligro * y su gracia me reanimó.
La invocación de su Nombre y su Amor inflamen mi corazón: * y el enemigo nunca me sorprenderà.
OfréceLe tus oraciones, alma mía, * y tendrás consuelo en los supremos instantes.
Gloria...

Ant. Me cercaron lazos mortales y la visita de María me salvó.

V. María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia.
R. En la vida y en la muerte, ampáranos, dulce Madre.

V. llumina nuestros ojos para no morir en pecado.
R. Ni pueda nuestro adversario jactarse de habernos vencido.

V. Sálvanos de la violencia del enemigo.
R. Preserva de su poder nuestra alma.

V. Sálvanos, por tu misericordia.
R. Madre, no quedaremos nunca defraudados habiéndoTe invocado.

V. Ruega por nosotros pecadores.
R. Ahora y en la hora de nuestra muerte.

V. Escucha, Madre, nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.

ORACION:
Virgen Santísima por el inmenso dolor que sufriste al pie de la Cruz cuando tu Hijo en el dolor encomendaba su espíritu en las manos del Padre y te confiaba como Madre al discípulo Juan,  asístenos en nuestra muerte, cuando faltarán fuerzas para invocarTe y serán desvalidos nuestros sentidos.
Recuerda entonces, Madre Santísima, las oraciones que ahora Te dirigimos y fortalece nuestro espíritu en aquellas últimas necesidades. Recomienda nuestra alma  a tu amadísimo Hijo para que nos libre de toda angústia y castigo y nos introduzca en la alegría del Paraíso. Por Jesucristo, tu Hijo, Nuestro Señor. Amén.

Cántico y Oración final:  pág. 30/34.




VIERNES
Oración Cotidiana  pág. 3 y 4.

Ant. 1. En el día de la muerte, Madre, cólmanos de alegría: como tu espíritu se alegró en Dios, tu Salvador.

SALMO 119

En mi angustia grité a María, * y Ella me respondió.
Líbrame, Madre, de todo mal * en todos los días de mi vida.
Aplasta la cabeza del maligno enemigo, * líbranos de la serpiente con la fuerza de tu pie invencible.
Infunde en mi corazón el regocijo, * que Te hizo exultar en el Señor.
Sé nuestra Mediadora junto a Dios e intercede por mi, * para que sean cancelados mis pecados.
Gloria...

Ant. En el día de la muerte, Madre, cólmanos de
alegría: como tu espíritu se alegró en Dios, tu Salvador.
Ant.  2.  Alcánzanos, Madre, misericordia y perdón, para que tengamos una santa muerte en el Señor.

SALMO 121

Qué alegría tengo, Reina del Cielo, * cuando pienso entrar contigo en la casa de Dios.
¡Oh Paraíso, patria celestial! * podemos alcanzarte siguiendo a María.
Procúranos, Virgen Santa, paz y perdón: * y plena vittoria sobre nuestros enemigos.
Socorre y consuela  nuestro corazón,  * por la dulzura de tu amor.
Difunde, ¡María! sobre nosotros tu misericordia, * para que podamos santamente morir en el Señor.
Gloria...


Ant. Alcánzanos, Madre, misericordia y perdón, para, que tengamos una santa muerte en el Señor.
Ant. 3. Consuélanos, Madre, en el camino de la vida y socórrenos en el día de la tribulación.

SALMO 124

EI que confía en la Madre de Dios, * no temerá delante del enemigo.
 Alegraos todos vosotros porque La amais, * Ella los ayudará en la tribulación.
RecuérdaTe, Madre, de tu misericordia * y consuélanos en el camino de la vida.
Míranos con ternura, Madre, * y desbarata a nuestros enemigos.
Benditas sean tus obras, * benditos tus santos prodigios.
Gloria...

Ant. Consuélanos, Madre, en el camino de la vida y socórrenos en el día de la tribulación.
Ant. 4. ¡Oh Madre! Haz que Ilegue a Dios con una santa muerte y muéstrame benévolo al Fruto de tu seno.

SALMO 128

Mucho me han atacado los enemigos, * líbrame, Madre, y protégeme.
No les des poder sobre mí, * custodia Tu mi corazón y mis sentidos.
Concédenos  el  Perdón de los pecados  * y la gracia del Espíritu Santo.
Haz sea meritoria nuestra penitencia, * para que lleguemos a Dios con una santa muerte.
Y entonces muéstranos sereno y bondadoso * al Fruto glorioso de tu seno.
Gloria....


Ant.  ¡Oh Madre! Haz que Ilegue a Dios con una santa muerte y muéstrame benévolo al Fruto de tu seno.
Ant.  5. Guíame, Madre, a la Salvación eterna y no me olvides en el día de mi muerte.

SALMO 129

Desde lo más profundo del corazón clamo a Ti: * Madre oye mi súplica.
Benignamente escucha  * las alabanzas de tu gloria.
Líbrame de los adversarios  * y derrota sus insidias.
Protégeme de todo mal: * no me olvides en el día de mi muerte.
DígnaTe guiarme a la Salvación eterna * y mi nombre sea escrito en el Libro de los Santos.
Gloria...

Ant. Guíame, Madre, a la Salvación eterna y no me olvides en el día de mi muerte.

V. María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia.
R. En la vida y en la muerte, ampáranos, dulce Madre.

V. llumina nuestros ojos para no morir en pecado.
R. Ni pueda nuestro adversario jactarse de habernos vencido.

V. Sálvanos de la violencia del enemigo.
R. Preserva de su poder nuestra alma.

V. Sálvanos, por tu misericordia.
R. Madre, no quedaremos nunca defraudados habiéndoTe invocado.

V. Ruega por nosotros pecadores.
R. Ahora y en la hora de nuestra muerte.

V. Escucha, Madre, nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.

ORACION:
Virgen Inmaculada, un mar de lágrimas lloraron tus ojos mientras aprietabas al Corazón a tu Hijo exánime bajado de la Cruz y Lo contemplabas en sus cándidos miembros destrozados y lacerados.
Concédenos llorar nuestros pecados y repararlos con sincera penitencia, y cuando nuestro cuerpo será victima de la muerte, haz que nuestra alma resplandezca del candor de la inocencia y pueda así gozar el Amor de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

Cántico y Oración final:  pág. 30/34.




SABADO
Oración Cotidiana:  pág. 3 y 4.

Ant. 1. Consuélanos, Madre, en el día de nuestra muerte y preséntanos al Sehor.

SALMO 130

¡Oh, Madre, mi corazón no es orgulloso * ni mis ojos altaneros.
El Todopoderoso Te  ha bendecido, * y por Ti aplastó a nuestros enemigos.
¡Bendito sea Dios! que Te preservó del pecado original * y Te hizo nacer Inmaculada.
¡Bendito sea Quien concebiste en tus entrañas! * Fuiste Madre por su poder.
Llénanos con el consuelo de tu gracia          * y preséntanos al Señor.
Gloria...

Ant. Consuélanos, Madre, en el día de muerte y preséntanos al Señor.
Ant. 2.  Recurramos a María en el día de nuestra muerte y Ella nos abrirà el Paraíso.

SALMO 134

¡Aleluya!  Alabad el nombre del Señor, * bendecid a María su Madre.
Redoblad vuestras súplicas a María, * Ella les inspirará buenos propósitos.
Vayamos a Ella con corazón contrito   * y resistiremos al estímulo del pecado.
Quien piensa en Ella con ánimo sereno * encontrará paz y dulzura.
Ofrezcamos a Ella nuestras acciones, * Ella nos abrirá el Paraíso.
Gloria...

Ant. Recurramos a María en el día de nuestra muerte y Ella nos abrirá el Paraíso.
Ant. 3. Cuando voy a invocarTe, Madre, escúchame, acrecienta el coraje de mi alma.

SALMO 137

¡Oh Madre! Te doy gracias con todo mi corazón, * pues me alcanzaste la misericordia de Jesús.
Escucha, Madre, mis invocaciones, * y yunto con los Angeles vendré a loarTe.
Cuando Te invoco, Madre,  accede a mis peticiones: * acrecienta mi coraje.
Que Te  den gracias todos los pueblos, * pues en Ti y por Ti  se nos dió la Salvación.
Libra a tus hijos de toda turbación: * que vivan en paz bajo tu maternal protección.
Gloria....

Ant.  Cuando voy a invocarTe, Madre, escúchame, acrecienta el coraje de mi alma.
Ant. 4. El enemigo me asecha: ayúdame, Madre, a no caer.


SALMO 141

Yo Ilamo a María a voz en grito * y humildemente Le suplico.
Derramo mi corazón ante Ella, * y quiero manifestarLe  mis  angústias.
EI enemigo atenta contra mí, * busca inducirme en error.
Ayúdame, Madre, para no caer ante él; * procúrame una lIena victoria.
Líbrame de su opresión * para que glorifique por los siglos el poder de Dios.
Gloria...

Ant.  EI enemigo  me  asecha:  ayúdame, Madre, a no caer.
Ant. 5.  Cuándo mi alma deje el cuerpo, a Ti la encomiendo, Madre, para que la presentes a Dios.

SALMO 145

Alaba, alma mía, a tu Madre: * quiero honrarLa cada vez más durante toda mi vida.
No ceses nunca de amarLa. * Piensa en Ella en todo momento.
Cuando mi alma deje el cuerpo, * a Ti  la encomiendo, Madre, para que la presentes a Dios.
Así  no  la molestará  el recuerdo de sus pecados, * ni se inquietará al acercarse del maligno.
Llévala, Madre, al lugar de la salvación, * donde espere con confianza al Redentor..
Gloria....

Ant. Cuando mi alma deje el cuerpo, a Ti la encomiendo, Madre, para que la presentes a Dios.

V. María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia.
R. En la vida y en la muerte, ampáranos, dulce Madre.

V. llumina nuestros ojos para no morir en pecado.
R. Ni pueda nuestro adversario jactarse de habernos vencido.

V. Sálvanos de la violencia del enemigo.
R. Preserva de su poder nuestra alma.

V. Sálvanos, por tu misericordia.
R. Madre, no quedaremos nunca defraudados habiéndoTe invocado.

V. Ruega por nosotros pecadores.
R. Ahora y en la hora de nuestra muerte.

V. Escucha, Madre, nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.

ORACION:
Virgen gloriosísima, llorando desolada acompañaste al sepulcro tu Hijo unigénito, consuelo de tu alma.
Por ese dolor, Te rogamos que vuelvas tus ojos misericoridiosos a nosotros, míseros hijos de Eva, que de este valle de lágrimas a Ti levantamos nuestros gemidos. Muéstranos después de este exilio a Jesús, Fruto bendito de tu vientre.
Y concédenos la Gracia de morir confortados por los sacramentos de la Santa Iglesia para encontrar misericordioso al Juez  divino. Por Jesucristo, tu Hijo, Nuestro Serñor. Amén.

Cántico y Oración final:  pág. 30/34.



CANTICO A LA B. V. MARIA
(Se reza todos los días después de los salmos)

María, Madre de Dios, alegres te cantamos * y te exaltamos como Madre y Virgen.
Toda la creación Te aclama * Hija del eterno Padre.
Los Angeles y los Arcángeles, los Tronos y los Principados, * Te sirven fielmente.
Las Potestades, las Virtudes y las Dominaciones * devotamente Te obedecen.
Los Querubines, los Serafines y todos los coros de los Angeles, * Te rodean exultantes.
Todas las criaturas angélicas, * Te proclaman sin fin:
Santa, Santa, Santa,  * María:  Madre de Dios, Madre y Virgen.
Llenos están el Cielo y la Tierra * de la gloria de tu Hijo.
EI coro glorioso de los Apóstoles * Te exalta Madre del Creador.
La multitud de los bienaventurados Mártires * Te glorifica Madre de Cristo.
EI ejército celestial de los Confesores * Te proclama Templo de la Santísima Trinidad.
EI amable coro de las Vírgenes * Te señala modelo de virginal humildad.
Toda la corte celestial * Te aclama su Reina.
Por  todo el mundo la Iglesia Santa, Te honra * Madre de la Majestad Divina.

Madre verdadera del Rey del Cielo, * santa, dulce y pia.
Tú eres Señora de los Angeles, * Puerta del Paraíso.
Tú, escalera del Reino Celestial: * y de la Gloria.
Tú, Reposo Divino: * Tú Arca de piedad y de gracia.
Tú, Manantial de misericordia: * Tú, Esposa y Madre del eterno Rey.
Tú, Templo y Sacrário  del Espíritu Santo: * de toda la Beatísima Trinidad noble morada.
Tú, Mediadora  de  Dios y de los hombres: * Tú, guía amabilísima y resplandeciente de cada mortal.

Tú,  Auxílio de los Cristianos en batalla  y Abogada de los pobres, *  seguro refugio de los pecadores.
Tú, Bienechora  y defensora divina: * separadora y terror de demonios y suberbios.
Tú, Señora del mundo, Reina del Cielo: *.. única nuestra esperanza.
Tú, salud de todos los que Te invocan, puerto de los náufragos * alivio de los míseros, refugio de los moribundos.
Tú, Madre de todos los Bienaventurados y gozo pleno celestial, * eres alegría de todo elegido.
Tú,  perfeccionando a los justos y reconciliando a los errantes, * eres la promesa de los Patriarcas.
             Tú, verdad de los Profetas,  vaticínio y Doctora  de los Apóstoles:      * Maestra de los Evangelistas.
Tú, fortaleza de los Mártires y modelo de los Confesores: *  honra y alegría de las Vírgenes.

Tú, para salvar al hombre desterrado, * acogiste en el seno al Hijo de Dios.
Por Ti, vencido al antiguo enemigo, se abrieron de nuevo a tus hijos los Reinos Celestales.
Junto con el Hijo *  reinas  a  la diestra del Padre.
¡Oh Virgen María! Ruega por nosotros al mismo tu Hijo * que un día vendrá como nuestro Juez universal.
Te rogamos pues, socorre a tus hijos, * redimidos con la preciosa Sangre de tu Hijo.
Y recíbenos, Santa Virgen María  * allá en la gloria con tus Santos.
Salva a tu pueblo, Divina Señora: * para que seamos partícipes de la heredad del Hijo tuyo.
Sé nuestra Divina Pastora en esta vida: * guárdanos por la eternidad.
Cada día de nuestra vida * te bendecimos, Madre y Señora dulcisima.
Deseamos  vivamente  por siempre jamás * alabar tu Nombre con  labios  y  corazón.
Dígnate, ¡oh dulce María!, * conservarnos sin  pecado  hoy y siempre.
Ten  piedad de nosotros, Madre, * ten  piedad.
  
Sea grande tu misericordia con nosotros: * porque en Ti, Virgen María, confiamos.
En Ti, dulce María, está toda nuestra esperanza: * defiéndenos por la eternidad.
A Ti conviene toda alabanza y todo poder: * por los siglos eternos a Ti siempre honor y gloria.  Amén.


ORACIONES FINALES
PARA CADA DIA

DOMINGO: “¡Oh misericordiosísima Virgen María! Que jamás  abandonas quien a Ti recurre y Te invoca,  yo de carrera me dirijo a Ti, Virgen de las Virgenes y Madre mía, y con la mayor confianza, gimiente  y suplicante, Te ruego: ¡Oh Madre de la Palabra! No desprecies mis palabras; mas bien όyeme propícia y escúchame.  Amén.”

     “Memorare, ó piissima Virgo Maria, non esse auditum à sæculo, quemquam ad tua currentem præsidia, tua implorantem suffragia, esse derelictum. Ego tali animatus confidentia, ad te, Virgo Virginum Mater, curro, ad te venio, coram te gemens, præcator assisto: noli, Mater Verbi, verba mea despicere; sed audi propitia, et exaudi. Amen.”


LUNES:  La llama ardiente y suave de tu caridad, ¡Oh Señor! nos aparte de las cosas terrenales, de forma tal que yo pueda morir de amor por Ti, que Te dignaste morir por mi amor. Amén.”

     “Absolvat, quæso, Domine,  mentem  meam ab omnibus  quæ sub Cœlo sunt, ignita et melliflua vis amoris tui: ut amore amoris tui moriar, quia amore amoris mei dignatus es mori.  Per temetipsum Dei Filium, qui cum Patre, etc.”
(San Francisco de Asis)

MARTES:   “¡Oh Santa Virgen María! No ha nacido entre las mujeres ninguna bella como Tú, Hija y Sierva del Rey Altísimo y Padre Celestial; Madre Santísima de Nuestro Señor Jesucristo, y Esposa del Espíritu Santo: Ruega por nosotros juntamente con San Miguel Arcángel y todos los Santos y Angeles del Cielo ante tu Santísimo amado Hijo nuestro Señor y Maestro. Amén.”

     “Sancta Maria Virgo, non est tibi similis nata in mundo in mulieribus, Filia, et Ancilla altissimi Regis, Patris Cœlestis, Mater Sanctissima Domini nostri Jesu-Christi, Sponsa Spiritus Sancti: ora pro nobis cum Sancto Michaële Archangelo, omnibus Virtutibus Cœlorum, et omnibus Sanctis, tuum sanctissimum Filium dilectissimum Dominum nostrum, et Magistrum. Amen.”
(S. Francisco de Asis).

MIERCOLES:  “Dios Todopoderoso y Eterno, que te dignaste nacer de la Castísima Virgen María, concédenos servirte de cándido corazón y complacerte con ááánimo humilde. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.”

     “Omnipotens sempiterne Deus, qui pro nobis de castissima Virgine Maria nasci dignatus es; fac  nos tibi casto corpore servire, et humili mente placere. Qui vivis, et regnas, etc.”
(San Bonaventura da B.)

JUEVES:  “Piadosísima Virgen María, Reina del mundo y Señora de los Angeles, Te suplicamos también por las benditas almas del Purgatorio para que les concedas gran refrigerio, a los pobres pecadores perdón, y a los justos  perseverancia en el bien: y a nosotros,  pues somos tan frágiles, defiéndenos en todo instante de los peligros. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.”

     “Oramus etiam te, piissima Virgo Maria, mundi Regina, et Angelorum Domina, ut eis, quos in Purgatorio ignis examinat, impetres refrigerium, peccatoribus indulgentiam, et justis perseverantiam in bono: nos quoque fragiles ad omnibus instantibus defende periculis. Per Dominum nostrum, etc.”
(San Bonaventura da B.)

VIERNES:  “¡Oh mi Señora y Madre mia, María Santísima¡ Por tu bendita fe y singular protecciόn y por la glόria de tu misericordia,  hoy, cada dia  y en la hora de mi partida, Te encomiendo mi alma y mi cuerpo; toda mi esperanza y mi consuelo, mis angústias y miserias y  el final de mi vida  entrego en tus manos y Corazón Inmaculado: haz, querida Madre, que por tu santísima Mediaciόn e infinitos méritos todo  en  mi ser y  mis  obras sea  dispuesto según tu voluntad y la de tu Hijo. Amén.”

     “O Domina mea Sancta Maria, me in tuam benedictam fidem, ac singularem custodiam, et in signum misericordiæ tuæ hodie, et quotidie, et in hora exitus mei animam meam, et corpus meum tibi commendo, omnem spem meam, et consolationem meam, omnes angustias, et miserias meas,
vitam, et finem vitæ meæ tibi committo: ut per tuam sanctissimam intercessionem, et per tua merita, omnia mea dirigantur, et disponantur opera secundum tuam tuique Filii voluntatem.”

SABADO: “¡Oh María, Madre de Dios y Virgen llena de Gracia: Consoladora inefable de todos los hijos que te invocan! Por la inmensa alegria que experimentaste en la gloriosa  Resurrección  del Señor Jesús, dígnaTe  ahora consolar  mi alma, además de asistirme ante tu Hijo, en el último día, cuando resucitaré en alma y cuerpo para  dar  cuentas de mis actos. Por tu intercesión ¡Oh piadosa Madre y Virgen! concédeme evitar la sentencia de condenación y llegar a los gozos eternos con todos los Elegidos de Dios. Amén.”

     “O Maria, Dei Genitrix, et Virgo gratiosa, omnium desolatorum ad te clamantium consolatrix vera! per illud magnum gaudium, quo consolata es, quando cognovisti Dominum Jesum die tertia a mortuis impassibilem resurrexisse, sis consolatrix animæ meæ, et apud eumdem tuum, et Dei natum Unigenitum, in die novissimo, quando cum anima, et corpore ero resurrecturus, et de singulis meis factis rationem redditurus, me digneris juvari, ut perpetuæ damnationis sententiam per te, pia Mater, et Virgo valeam evadere, et cum electis Dei omnibus ad æterna gaudia feliciter pervenire. Amen.


"Cor Mariæ Immaculatum
intercede pro nobis!"

DEO GRATIAS
et IMMACULATI
CORDI MARIÆ!

La S. MISA según los santos

El santo cura de Ars, San Juan María Vianney:
“Si conociéramos el valor de la Santa Misa nos moriríamos de alegría”.
"Sí supiéramos el valor del Santo Sacrificio de la S. Misa, qué esfuerzo tan grande haríamos por asistir a ella".
"Qué feliz es ese Ángel de la Guarda que acompaña al alma cuando va a Misa".

"La S. Misa es la devoción de los Santos".
San Anselmo: “Una sola Misa ofrecida y oída en vida con devoción, por el bien propio, puede valer más que mil misas celebradas por la misma intención, después de la muerte.”

Santo Tomás de Aquino: "La celebración de la Santa Misa tiene tanto valor como la muerte de Jesús en la Cruz".
El Serafico Padre San Francisco de Asís: "El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote".

Santa Teresa de Jesús: "Sin la Santa Misa, ¿que sería de nosotros? Todos aquí abajo pereceríamos ya que únicamente eso puede detener el brazo de Dios. Sin ella, ciertamente que la Iglesia no duraría y el mundo estaría perdido sin remedio".
En cierta ocasión, Santa Teresa se sentía inundada de la bondad de Dios. Entonces le hizo esta pregunta a Nuestro Señor: <<Señor mío, “¿Cómo Os podré agradecer?”>>  Nuestro Señor le contestó: “ASISTID A UNA SANTA MISA”.
San Alfonso María de Ligorio: "El mismo Dios no puede hacer una acción más sagrada y más grande que la celebración de una Santa Misa".

San  Pío de Pieltrecina:  "Sería más fácil que el mundo sobreviviera sin el sol, que sin la Santa Misa".
“La S. Misa es infinita como Jesús... pregúntenle a un Angel lo que es la Misa, y El les contestará, en verdad yo entiendo lo que es y por qué se ofrece, mas sin embargo, no puedo entender cuánto valor tiene. Un Angel, mil Angeles, todo el Cielo, saben esto y piensan así".
San Lorenzo Just.: "Nunca lengua humana puede enumerar los favores que se correlacionan al Sacrificio de la Santa Misa. El pecador se reconcilia con Dios; el hombre justo se hace aún más recto; los pecados son borrados; los vicios eliminados; la virtud y el mérito crecen, y las estratagemas del demonio son frustradas”.

San Leonardo de Port Maurice: "Oh gente engañada, qué están haciendo? Por qué no se apresuran a las Iglesias a oír tantas Misas como puedan? Por qué no imitan a los ángeles, quienes cuando se celebra una Misa, bajan en escuadrones o batallόnes desde el Paraíso y se estacionan alrededor de nuestros altares en adoración, para interceder por nosotros?".
"Yo creo que sí no existiera la Misa, el mundo ya se hubiera hundido en el abismo, por el peso de su iniquidad. La Misa es el soporte poderoso que lo sostiene ".
“Una Misa antes de la muerte puede ser más provechosa que muchas después de ella…”
San Felipe Neri: "Con oraciones pedimos gracia a Dios; en la Santa Misa comprometemos a Dios a que nos las conceda ".
San Pedro Julián Eymard: "Sepan, oh Cristianos, que la Santa Misa es el acto de religión más sagrado. No pueden hacer otra cosa para glorificar más a Dios, ni para mayor provecho de su alma, que asistir a la Santa Misa devotamente, y tan a menudo como sea posible ".

San Bernardo: "Uno obtiene más mérito asistiendo a una Santa Misa con devoción, que repartiendo todo lo suyo a los pobres y viajando por todo el mundo en peregrinación ".
San Francisco Javier Bianchi: "Cuando oigan que yo no puedo ya celebrar la Santa Misa, cuéntenme como muerto".

San Buenaventura:  "La Santa Misa es una obra de Dios en la que presenta a nuestra vista todo el amor que nos tiene; en cierto modo es la síntesis, la suma de todos los beneficios con que nos ha favorecido".
"Hay en la Santa Misa tantos misterios como gotas de agua en el mar, como átomos de polvo en el aire y como ángeles en el cielo; no sé si jamás ha salido de la mano del Altísimo misterio más profundo."

San Gregorio el Grande: "El sacrificio del altar será a nuestro favor verdaderamente aceptable como nuestro sacrificio a Dios, cuando nos presentamos como víctimas".

Cuando Santa Margarita María Alacoque asistía a la Santa Misa, al voltear hacia el altar, nunca dejaba de mirar al Crucifijo y las velas encendidas. Por qué? Lo hacía para imprimir en su mente y su corazón, dos cosas: El Crucifijo le recordaba lo que Jesús había hecho por ella; las velas encendidas le recordaban lo que ella debía hacer por Jesús, es decir, sacrificarse consumirse por  El y por las almas.

San Andrés Avellino: "No podemos separar la Sagrada Eucaristía de la Pasión de Jesús".

Nos cum prole pia
benedicat Virgo Maria!


Imprimatur
Torino12/XII/1981
Sac. Valentino Scarasso, Vicario Generale.

Opera scritta dalla Divina Sapienza



17.02.13


Eletti, amici cari, se il mondo non si converte, se gli uomini non vengono a Me, molte cose accadranno, come mai sono avvenute; ma il Mio Progetto sempre si compirà.



Sposa amata, pensi che il Mio Progetto non giunga a compimento, perché vedi il crollo?
Mi dici: “Dolce Amore, il Tuo Progetto è sublime e molto articolato e abbraccia il mondo intero. Negli intimi colloqui me ne hai parlato. Sono certa che tutto si compirà nei minimi particolari: quando mai un Tuo Progetto non è giunto a compimento? Anche se tutto intorno crolla, il cuore dei Tuoi piccoli più piccoli è in pace, è sereno, è colmo di speranza. Chi ha fede in Te crede, spera e non ha dubbi sulla piena realizzazione del Tuo Progetto d’Amore. Un giorno dicesTi: “Faccio nuove tutte le cose. Faccio una terra nuova ed un Cielo nuovo”. Queste sono le Tue Parole, Dolce Amore, e tutto avverrà, secondo il Tuo Piano e nel Tuo Tempo. Dolce Amore, opera secondo la Tua Misericordia, opera secondo il Tuo Amore, secondo il Tuo Tempo. La Tua Misericordia è Infinita, il Tuo Amore è immenso, il Tuo Tempo quello giusto e perfetto. Dolce Amore, hai anche detto: “Va ciò che deve andare e resta ciò che deve restare”. Queste Tue Parole mettono pace nei cuori e dànno Luce alle menti. Se  cade un muro maestro, i Tuoi piccoli, più piccoli, dicono: “Doveva cadere, secondo la Logica di Gesù. È bene che sia caduto!” Se cade un intero palazzo, non si stupiscono, perché avviene secondo la Tua Logica Perfetta. Dolce Amore, chi è Tuo nella mente e nel cuore adora Te, Gesù, adora il Tuo Pensiero, adora il Tuo Cuore, tutto Amore, e fa con gioia la Tua Volontà.”
Sposa cara, questo voglio dai Miei: confidino in Me sempre, sempre, sia quando tutto va bene sia quando tutto va male, sempre! Il Bene viene da Me; il male lo permetto per la salvezza delle anime.
Mi dici: “Adorato Signore del Cielo e della terra, Re della storia, la Tua Sapienza è Infinita. Capisca l’uomo che nella storia non opera il caso, come dicono e ripetono gli stolti della terra, ma operi Tu, Gesù, Dolce Amore, con la Tua Sapienza, con la Tua Potenza, col Tuo Dolce Amore. Opera nella storia, Gesù: cambia i cuori umani, illumina le menti e presto gli uomini della terra cesseranno di sospirare ed esulteranno per la grande gioia! Ci saranno una nuova terra ed un nuovo Cielo, tutti rinnovati dal Tuo Amore.”
Piccola sposa, tieni in cuore la gioia di vivere e la speranza, perché chi spera in Me mai è deluso; il suo cuore mantiene la pace ed ha la gioia senza fine. Bene hai parlato, riguardo il crollo: va solo ciò che deve andare e resta ciò che deve restare, secondo la Mia Logica, Perfetta.
Mi dici: “Dolce Amore, Tu conosci la debolezza umana: sostieni ogni uomo con la Tua Potenza, durante le complesse operazioni di cambiamento ed ognuno ripeta: “Vedo il crollo intorno; ma confido in Te, Gesù, adorato Signore della storia e di ogni vita!”
Sposa cara, chi confida in Me, certo, non si perderà d’animo: Io, Io, Gesù, sarò la sua Roccia. Conosca il mondo il Mio Messaggio, sposa cara. Gioisca in Me ognuno che Mi ama ardentemente e tenga viva la speranza. Resta, felice, nel Mio Cuore e godine le Delizie d’Amore. Ti amo.
                                                                                  Vi amo.

                                                                                              Gesù


Opera scritta dalla Divina Sapienza per gli eletti degli ultimi tempi


17.02.13


La Mamma parla agli eletti



Figli cari e tanto amati, siate tutti di Gesù, nel cuore, nella mente, nel fremito dell’anima, facendo la Sua Volontà con gioia. Sono con voi per aiutarvi a divenire santi. Vi amo.    
                                                                                 Ti amo, angelo Mio.

                                                                                              Maria Santissima

Martiri di Otranto: È prevista la loro canonizzazione il 12 maggio 2013.


Martiri di Otranto

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Beati Antonio Primaldo e compagni martiri
Beati Antonio Primaldo e compagni martiri

Reliquie dei Martiri di Otranto conservate nella Cattedrale della Città
Martiri
NascitaXV secolo
Morte14 agosto 1480
Venerato daChiesa cattolica
Beatificazione1771
Canonizzazione12 maggio 2013
Santuario principaleCattedrale di Otranto
Ricorrenza14 agosto
AttributiPalma
Patrono diArcidiocesi e città di Otranto
Antonio Primaldo e compagni martiri, conosciuti anche semplicemente come martiri di Otranto, sono gli 800 abitanti della città salentina di Otranto uccisi il 14 agosto 1480 dai Turchi guidati da Gedik Ahmet Pascià, per aver rifiutato la conversione all'Islam dopo la caduta della loro città. Saranno canonizzati il 12 maggio 2013[1].

Storia 

Exquisite-kfind.pngPer approfondire, vedi la voce Battaglia di Otranto.
Il 28 luglio 1480 un'armata turca proveniente da Valona, forte di 90 galee, 40 galeotte e altre navi, per un totale di circa 150 imbarcazioni e 18.000 soldati, si presentò sotto le mura di Otranto.
La città resistette strenuamente agli attacchi, ma la sua popolazione di soli 6.000 abitanti non poté opporsi a lungo ai bombardamenti. Infatti il 29 luglio la guarnigione e tutti gli abitanti abbandonarono il borgo nelle mani dei Turchi, ritirandosi nella cittadella mentre questi ultimi cominciavano le loro razzie anche nei casali vicini.
Quando Gedik Ahmet Pascià chiese la resa ai difensori, questi si rifiutarono ed in risposta le artiglierie turche ripresero il bombardamento. L’11 agosto, dopo 15 giorni d’assedio, Gedik Ahmet Pascià ordinò l’attacco finale durante il quale riuscì a sfondare le difese e a espugnare anche il castello.
Nel massacro che ne seguì, tutti i maschi di oltre quindici anni furono uccisi, mentre le donne e i bambini furono ridotti in schiavitù. Secondo alcune ricostruzioni storiche, i morti furono in totale 12.000 e i ridotti in schiavitù 5.000, comprendendo anche le vittime dei territori della penisola salentina intorno alla città[2].
I superstiti e il clero si erano rifugiati nella cattedrale a pregare con l'arcivescovo Stefano Pendinelli. Gedik Ahmet Pascià ordinò loro di rinnegare la fede cristiana, ma ricevendone un netto rifiuto, irruppe con i suoi uomini nella cattedrale e li catturò. Furono quindi tutti uccisi, mentre la chiesa, in segno di spregio, fu ridotta a stalla per i cavalli.
Particolarmente barbara fu l’uccisione dell'anziano arcivescovo Stefano Pendinelli, il quale incitò i superstiti a rivolgersi a Dio in punto di morte. Fu infatti sciabolato e fatto a pezzi con le scimitarre, mentre il suo capo mozzato fu infilzato su una picca e portato per le vie della città.
Il comandante della guarnigione Francesco Largo venne invece segato vivo.
Castello di Otranto
A capo degli Otrantini - che il 12 agosto si erano opposti alla conversione all'Islam - era anche il vecchio sarto Antonio Pezzulla, detto Il Primaldo.
Il 14 agosto Gedik Ahmet Pascià fece legare i superstiti e li fece trascinare sul vicino colle della Minerva, dove ne fece decapitare almeno 800, costringendo i parenti ad assistere alle esecuzioni. Il primo a essere decapitato fu Antonio Primaldo. La tradizione tramanda che il suo corpo, dopo la decapitazione, restò ritto in piedi, a dispetto degli sforzi dei carnefici per abbatterlo, sin quando l'ultimo degli Otrantini non fu martirizzato.
Durante quel massacro le cronache raccontano che un turco, tal Bersabei, si convertì nel vedere il modo in cui gli otrantini morivano per la loro fede e subì anche lui il martirio, impalato dai suoi stessi compagni d'arme.
Tra gli 800 martiri d'Otranto, si ricorda per l'eroica morte, in testimonianza della fede, la figura di Macario Nachira, colto monaco basiliano, appartenente ad antica e nobile famiglia di Viggiano (oggi Uggiano la Chiesa).
Dopo tredici mesi Otranto venne riconquistata dagli Aragonesi, guidati da Alfonso d'Aragona, figlio del Re di Napoli.

Reliquie 

Il 13 ottobre 1481 i corpi degli Otrantini trucidati furono trovati incorrotti e vennero successivamente traslati nella Cattedrale di Otranto.
A partire dal 1485, una parte dei resti di quei martiri furono trasferiti a Napoli e riposano nella chiesa di Santa Caterina a Formiello, dove furono collocati sotto l'altare della Madonna del Rosario (che ricorda la vittoria definitiva delle truppe cristiane sugli Ottomani nella famosa battaglia di Lepanto); successivamente furono collocati nella cappella delle reliquie, consacrata da papa Orsini, e solo dal 1901 deposte sotto l'altare in cui si trovano oggi. Una recognitio canonica, effettuata tra il 2002 e il 2003, ne ha ribadito l'autenticità.
Nel 1930 monsignor Cornelio Sebastiano Cuccarollo, vescovo di Bovino dal 1923, fu nominato arcivescovo di Otranto e, in segno di affetto e riconoscimento verso la sua ex diocesi, donò parte delle reliquie al Santuario di Santa Maria di Valleverde in Bovino, dove attualmente si trovano nella cripta della nuova basilica.
Reliquie dei beati martiri sono venerate in molti luoghi della Puglia, in particolare nel Salento, e a Napoli, a Venezia e in Spagna.

Culto 

Un processo canonico iniziato nel 1539 terminò il 14 dicembre 1771, allorché papa Clemente XIV dichiarò beati gli 800 trucidati sul colle della Minerva, autorizzandone il culto; da allora essi sono protettori di Otranto.
In vista di una possibile canonizzazione, su richiesta dell'arcidiocesi di Otranto, il processo è stato recentemente riaperto, confermando in pieno le conclusioni del precedente. Papa Benedetto XVI, il 6 luglio 2007, ha emanato un decreto in cui riconosce il martirio di Antonio Primaldo e dei suoi concittadini uccisi "in odio alla fede".
Il 20 dicembre 2012 Benedetto XVI nell'udienza privata con il cardinale Angelo Amato, prefetto della Congregazione delle Cause dei Santi, ha autorizzato la Congregazione a promulgare il Decreto riguardante il miracolo della guarigione della suora Francesca Levote, attribuito all'intercessione dei beati Antonio Primaldo e compagni martiri.[3]. È prevista la loro canonizzazione il 12 maggio 2013.
Subito dopo l'annuncio, effettuato l'11 febbraio 2013 nel corso di un apposito Concistoro, Benedetto XVI ha comunicato in latino la sua ferma e meditata intenzione di rinunciare alla guida della Chiesa di Roma a partire dalle ore 20 del 28 febbraio, a causa delle sue precarie energie, aggravate dall'età avanzata.

Note 

  1. ^ Il Sole 24 Ore
  2. ^ Paolo Ricciardi, Gli eroi della patria e i martiri della fede: Otranto 1480-1481, Vol. 1, Editrice Salentina, 2009
  3. ^ Promulgazione di decreti della Congregazione delle Cause dei Santi

Bibliografia 

  • Paolo Ricciardi, Gli eroi della patria e i martiri della fede: Otranto 1480-1481, Vol. 1, Editrice Salentina, 2009
  • Grazio Gianfreda, I beati 800 martiri di Otranto, Edizioni del Grifo, 2007

Voci correlate 

Collegamenti esterni 

AVE MARIA VIRGO POTENS!

giovedì 21 febbraio 2013

L'estremo appello...




Tanto si è detto sulla rinuncia del Papa. Proponiamo un articolo con un intervista a don Nicola Bux, molto vicino e caro a Benedetto XVI, un altro con le riflessioni e considerazioni storico-dottrinali del prof. de Mattei e di Radaelli, e un terzo con un'analisi attenta di Messori

intervista a don Bux: "La rinuncia è la sua croce, ma indirizza la riforma della Chiesa" (Asca, 15.02.2013)

S. MAGISTER, "L'estremo appello: il papa ritiri le dimissioni" (Chiesa.espressonline, del 20.02.2013)

V. MESSORI, "Ipotesi sul Papa. E sulla Chiesa che verrà" (Corriere della sera, 17.02.2013)

PENSIERI tratti dalle Omelie di s.Antonio




Febbraio
1. Non c'è angoscia più grande di quella d'una madre che abbia perduto il suo unico figlio: e unico figlio dell'anima è l'amore di Dio, senza del quale la fede è morta. Piangi dunque, o cristiano, questa perdita immensa.
2. Oggi i fedeli cristiani portano in processione nel tempio la candela accesa, che è composta di cera e di stoppino. Nella fiammella è simboleggiata la divinità, nella cera l'umanità, nello stoppino l'acerbità della passione del Signore. In questi tre elementi consiste la vera penitenza: nel fuoco l'ardore della contrizione, che sradica le radici di tutti i vizi; nella cera la confessione del peccato, che "fonde come la cera al fuoco", nello stoppino l'asprezza dell'espiazione.
3. La riconciliazione del peccatore con Dio si può chiamare uno sposalizio dello Spirito Santo con l'anima pentita. Da tale unione germoglia il cristiano nuovo, erede della vita eterna.
4. Il contadino benda gli occhi all'asino e lo batte con il bastone, e così l'asino trascina intorno una mola di grande peso. Il contadino è il diavolo e il suo asino è l'uomo mondano. Il diavolo gli chiude gli occhi quando gli acceca l'intelletto e la ragione con il bagliore delle cose terrene; e lo colpisce con il bastone della cupidigia perché trascini con sé la mola della vanità mondana.
5. Nessuno diventa perfetto da un momento all'altro. Perciò dobbiamo staccarci un po' alla volta dal mondo, disprezzandone le ricchezze e i piaceri. Un'abitudine si elimina con un'altra abitudine; e il filosofo dice: "Scompariranno i vizi, se si prenderà l'abitudine di abbandonarli per qualche tempo".
6. Se uno vuole fare veramente penitenza, non confidi nei suoi meriti, non abbia presunzione del bene fatto; ma palesi in confessione tutto il male compiuto, con dolore e rossore. E non basta che si proclami peccatore, ma, se qualcuno gli rinfaccia le sue colpe, umilmente sopporti; se no, dimostra di non essere pentito davvero.
7. Dobbiamo essere sempre occupati intorno alla nostra anima, perché non ci avvenga quello che dice Salomone: "Passai accanto al campo del pigro e presso la vigna d'un tale scriteriato, ed eccoli ingombri di erbacce. Le ortiche ne coprivano la superficie e il muretto di pietre era sgretolato" (Pro 24,30-31).
8. L'anima che si pente segue la povertà, l'umiltà, la passione di Gesù Cristo: esse ci parlano di lui e ci dicono quale è stata la sua vita in questo mondo. E così l'anima diviene sua sposa, con lui impegnata, a lui legata per mezzo dell'anello di una fede perfetta.
9. "Guardate i gigli del campo", dice il Signore. Gigli sono i poveri di spirito, nel cui cuore l'umiltà reprime la tumida superbia, il cui corpo è candido di castità, dalla cui vita emana il profumo della buona fama. Essi sono detti gigli del campo, non gigli del giardino o del deserto. Il campo è il mondo: conservare il fiore di virtù nel mondo è tanto più meritorio, in quanto è più difficile.
10. Gli eremiti fioriscono nel deserto, lontani dalla umana convivenza; in un giardino chiuso fioriscono i claustrali, anch'essi fuori dal contatto col mondo. Molto più degno è fiorire in mezzo al mondo, dove più facilmente la grazia del fiore può perire.
11. "Ci fu poi il mormorio di un vento leggero: ecco la serva del Signore"; questo è il mormorio del vento leggero. E lì c'era il Signore. Osserva che il mormorio si fa con le labbra un po' strette. La Vergine Maria "restrinse", rimpicciolì se stessa: la Regina degli angeli si dichiarò serva, e così il Signore guardò all'umiltà della sua serva. Guardiamoci dunque dal vento gagliardo della superbia, nel quale non c'è il Signore, e umiliamoci nel mormorio della nostra confessione e dell'accusa di noi stessi.
12. Vale più una sola anima santa con la sua preghiera, che innumerevoli peccatori con le armi in pugno: la preghiera del santo penetra i cieli!
13. Quand'è che la nostra anima è alla presenza di Dio? Quando è certa di non avere niente da sé, in se stessa e per sé, ma tutto attribuisce a colui che è ogni bene, il sommo bene, dal quale sgorga ogni grazia. Irradiata da Dio, l'anima veramente diviene un paradiso, fragrante di carità, di umiltà, di castità. In lei discende e riposa il Diletto.
14. La vita dell'uomo giusto viene paragonata a un organo musicale, dal quale scaturisce la melodia della buona fama, in armonia con una vita santa.
15. La natura ha posto davanti alla lingua due porte, cioè i denti e le labbra, per indicare che la parola non deve uscire dalla bocca se non con grande cautela... Ma la lingua, male ribelle, piena di veleno mortale, fuoco che incendia la foresta delle virtù, sfonda la prima e la seconda porta, esce in piazza come una meretrice, loquace e raminga, insofferente della quiete, e porta ovunque lo scompiglio. Chi è perfetto nella lingua, è perfetto in tutto.
16. Per mezzo delle lingue del serpente, di Eva e di Adamo la morte entrò nel mondo. La lingua del serpente inoculò il veleno in Eva; la lingua di Eva lo inoculò in Adamo, e la lingua di Adamo tentò di ritorcerlo contro il Signore. La lingua è un membro freddo, sempre immersa nell'umidità, e quindi è un male ribelle ed è piena di veleno mortale, del quale nulla è più freddo. Per questo lo Spirito Santo apparve in forma di lingue di fuoco, per opporre lingue a lingue, e fuoco ardente a veleno mortale.
17. L'ira ottenebra la mente e non permette di distinguere la vera realtà delle cose; scompiglia tutte le facoltà dell'anima; riflette anche all'esterno l'alterazione che c'è all'interno: infatti, l'occhio si rannuvola, la lingua prorompe in minacce, la mano si appresta a percuotere. E così la carità va distrutta.
18. La nascita di un santo costituisce un bene per tutti e perciò è motivo di comune esultanza. Nascono i santi per l'utilità degli altri, essendo la giustizia (la santità) una virtù sociale che ridonda a vantaggio di tutti.
19. Nel cuore dell'uomo ci sono tre cose: c'è la sede della sapienza; in esso fu scritta la legge naturale che dice: "Non fare agli altri ciò che non vuoi sia fatto a te". Il cuore è l'organo dal quale provengono lo sdegno, il ribrezzo, l'avversione. Così nei veri credenti c'è la sapienza della contemplazione, c'è la legge dell'amore, e c'è il ribrezzo e l'avversione per il peccato.
20. Cristo tiene i santi sotto il sigillo della sua provvidenza, affinché non appaiano quando vogliono loro, ma stiano pronti per l'ora stabilita da lui. E quando sentiranno risuonare nel cuore il suo comando, escano dal nascondiglio della vita contemplativa verso le attività richieste dalla necessità.
21. Come il ragno cattura le prede con i fili della sua rete, così il diavolo, tirando certi fili di pensieri capziosi, studiando cioè i difetti ai quali l'uomo è più incline, lo avvolge con la fitta rete delle sue tentazioni e lo fa sua preda.
22. La pazienza si alimenta e si affina a spese di chi ci perseguita; la vera pazienza si compiace dei duri trattamenti. Si può a mala pena purificare l'animo fra le tribolazioni di questo mondo, senza che resti qualche macchia da espiare in purgatorio.
23. Quando qualcuno ti dice, in aria di plauso o di adulazione: "Sei bravo e sai molte cose", tu gli devi rispondere: "Da me stesso non so nulla, nessun bene io possiedo, ma onoro il Padre mio. A lui tutto attribuisco, a lui rendo grazie, perché fonte di ogni sapienza, di ogni potenza e scienza".
24. Considera quanto è spaventoso un uomo infiammato dall'ira. Corruga la fronte, ha la faccia pallida, le narici frementi, gli occhi torvi, le labbra livide, digrigna i denti e ha i pugni stretti pronti a colpire. Un uomo così ridotto altro non sembra che una belva feroce... Preghiamo Cristo Gesù che estirpi dal nostro cuore il vizio dell'ira, che infonda nel nostro spirito la tranquillità, per poter amare il prossimo con la bocca, con le opere e con il cuore, e giungere così a lui che è la nostra pace.
25. La pazienza è il muro inespugnabile dell'anima, che la difende da ogni turbamento. L'anima unita dallo Spirito Santo è tutta umile e povera, e perciò inclinata alla obbedienza e alla pazienza. Senza pazienza, non c'è obbedienza.
26. Se ti risolvi a venire al mercato delle tribolazioni, dove si acquistano le vere ricchezze, bada bene, prima, se hai a disposizione un tesoro di pazienza sufficiente per fare buone compere: altrimenti, io ti consiglio di non andare verso le tribolazioni volontarie, perché ne ritorneresti a mani vuote. Ma se sei disposto a sborsare molta pazienza, allora vieni: non far caso alle difficoltà, perché è certo cosa amara il bere al calice delle tribolazioni. Ma quando lo avrai sorbito, ne sarai felice, perché sarai collocato alla destra del Signore, dove è la vita che non finisce mai.
27. Chi non ha pazienza in mezzo alle tribolazioni non è oro, ma è ferro dorato; non ha la vera virtù, ma virtù apparente. Percosso, il ferro non manda un suono gradevole; così l'impaziente, percosso dai persecutori, si incollerisce e viene meno.
28. La Scrittura parla spesso per immagini, per metafore, affinché ciò che non si può vedere in una cosa, si possa scoprire in un'altra simile. Il ventre, ad esempio, viene paragonato a un dio quando dice: "Il loro dio è il ventre e la loro gloria è una vergogna" (Fil 3,19), cioè si gloriano di ciò di cui dovrebbero vergognarsi.
Il dio-ventre viene soddisfatto con le vittime di varie portate, tende l'orecchio ai rumori, è solleticato dalle varie specie di sapori, si commuove alle chiacchiere e non alle preghiere, è gratificato dall'ozio e si abbandona alle delizie della sonnolenza. E questo dio-ventre ha purtroppo monaci, canonici e conversi che lo servono devotamente e sono quelli che nella chiesa di Dio vivono placidamente nell'ozio, che non si danno alla preghiera segreta, ma sono curiosi di ascoltare i fantasiosi racconti degli oziosi, in cui si odono risate, sghignazzi e i rutti di un ventre rimpinzato.
29. La sapienza, così chiamata da sapore, consiste nel gusto della contemplazione, la prudenza nel prevedere e cautelarsi dalle insidie, la fortezza nel sopportare le avversità, l'intelligenza nel rifuggire dal male e scegliere il bene.