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lunedì 12 agosto 2019

La creaciòn de la mujer

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La creación de la mujer

La creación de la mujer: lectura espiritual
01
Para poder comprender la creación de la mujer, es necesario entender el cuerpo espiritual.
«Si hay un cuerpo natural, lo hay también espiritual» (1 Cor 15, 44).
Cuerpo natural: literalmente, cuerpo psíquico. Es decir, ese cuerpo regido por el alma de la persona, por su mente y por su voluntad. Un cuerpo que no es ni puede ser espiritual.
«… el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, como que para él son una insensatez; ni las puede entender, por cuanto hay que juzgar de ellas espiritualmente» (1 Cor 2, 14).
El hombre psíquico, el hombre simplemente razonable, el hombre que vive en su razón, que no se apoya en la luz de la Revelación, no comprende nada del Espíritu.
Muchos hombres viven en su razón, naturalmente, psíquicamente. No pueden introducirse en los caminos del Espíritu.
Sólo el Espíritu se puede comprender en el Espíritu, estando el alma revestida del Espíritu.
«El hombre espiritual, al contrario, lo juzga todo, en tanto que él mismo de nadie es juzgado» (1 Cor 2, 15).
El hombre del Espíritu es movido por el Espíritu para obrar; está revestido por el Espíritu, está encerrado por todos los lados por el Espíritu.
El primer hombre, Adán, fue hecho a imagen y semejanza de Dios; es decir, tenía un alma, un espíritu y un cuerpo. Era una trinidad.
Su alma era imagen de Dios, del Verbo, de la Palabra de Dios; es decir, era hijo de Dios.
En su alma, estaba la gracia, la participación de la naturaleza divina; es decir, era semejante a Dios. Fue elevado a la vida de Dios.
En su cuerpo residía el Espíritu de Dios: era un cuerpo espiritualizado. Adán era un hombre espiritual, tanto en el alma como en el cuerpo. Estaba espiritualizado. No era un hombre psíquico, natural, humano. Y, al poseer la gracia, también tenía un cuerpo glorioso. Ambas cosas, lo espiritual y lo glorioso, no eran permanentes en él porque el primer hombre podía pecar y perderlo todo.
Jesús, que es el Hombre perfecto, no sólo tenía un cuerpo espiritual, glorioso, sino también divino. Se presentó a los hombres «anonadándose a sí mismo, tomando forma de esclavo, hecho a semejanza de los hombres» (Flp 2, 7). Es decir, no mostró ese cuerpo divino. No se mostró como hombre divino. Sólo en la Transfiguración lo mostró a Sus Apóstoles que Él escogió para revelarles ese Misterio.
Jesús tenía un cuerpo divino, pero todos los hombres lo veían como hombre, como carne: «hecho a semejanza de los hombres».
El Espíritu reviste la carne, encierra a la carne en una cámara espiritual; rodea a la carne con lados espirituales.
«Y cuando esto corruptible se revistiere de inmortalidad…» (1 Cor 15, 53).
Revestir el espíritu a una carne corruptible: el espíritu rodea esa carne por todos los lados, la encierra en una recámara espiritual. Y surge el cuerpo espiritual, que es un cuerpo transfigurado por el Espíritu, cambiado, transformado por el Espíritu.
Dios toma una de las costillas de Adán: la costilla de Adán es el revestimiento que Adán tiene en esa parte de su cuerpo por el Espíritu. Esa parte es espiritual, está encerrada en el Espíritu, se mueve sólo según el Espíritu, está rodeada del Espíritu por todos los lados.
El sexo de Adán era espiritual, estaba espiritualizado: sus órganos sexuales corporales eran espirituales. No eran sólo carnales.
Dios toma esta costilla de Adán. Eso no significa que Adán perdiera su cuerpo espiritual.
«Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos» (1 Cor 12, 14).
Cada miembro del cuerpo tiene su espíritu, su costilla. Cada miembro está encerrado por los lados de un espíritu, que lo mueve para la función que debe realizar.
Un cuerpo espiritualizado no es un cuerpo humano, no es un cuerpo psíquico, el cual está regido sólo por la mente del hombre, por su alma.
El cuerpo espiritualizado es regido por la Mente del Espíritu. El hombre dócil a esa Mente se mueve con el Espíritu: su cuerpo humano obra lo que el Espíritu quiere.
Dios quita la costillael espíritu que tiene el hombre en su sexo. Y deja al hombre sin espíritu en ese miembro del cuerpo, en esa parte de su cuerpo. Todos los demás miembros del cuerpo de Adán tenían su espíritu propio, para poder moverse como cuerpo espiritualizado.
Dios quita esa costilla y el sexo del hombre se queda en la carne, en el placer carnal, en lo natural de la carne, en la psiquis de la carne. El hombre mueve su sexo sólo con su inteligencia humana. Ya el sexo del hombre no es espiritual, no está regido por el Espíritu. Su sexo no es movido por la Inteligencia del Espíritu.
Y esto lo hace Dios porque quiere crear a la mujer con esa costilla, con ese espíritu que ha puesto en el hombre cuando lo ha creado del polvo de la tierra.