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venerdì 8 febbraio 2013

LA PESCA MILAGROSA - Domingo 5, T.Ordinario, C: 10/2/2013



LA PESCA MILAGROSA






La visión continúa con las palabras de Jesús:

DE LA PRIMAVERA AL OTOÑO, ...¡CUÁNTOS DÍAS, CUÁNTOS 
VIENTOS, LLUVIAS Y SOLES  Y TEMPESTADES TIENEN QUE PASAR

"Cuando en primavera todo florece, el hombre de campo dice contento: "Tendré buena cosecha" y su corazón se regocija ante esta esperanza. Pero de la primavera al otoño, del mes de las flores al de la cosecha, ¡cuántos días, cuántos vientos,  lluvias y soles y tempestades tienen que pasar! ¡Tal vez hasta guerra o crueldad de los poderosos! ¡o enfermedades de las plantas y aún del mismo campesino para quien esas plantas regadas, podadas, sostenidas y limpiadas, de las que espera el fruto, se secan y mueren antes de la cosecha o en la misma cosecha!... 

TODOS MIS ENEMIGOS Y VUESTROS VENDRÁN PARA HACER 
ESTÉRIL LO QUE TENDRÍA QUE BROTAR DE ESTE VUESTRO 
FLORECER EN DIOS.

Vosotros me seguís, me amáis y como plantas en primavera os adornáis con propósitos y con amor. En realidad, Israel es este amanecer de mi apostolado, es como nuestras dulces campiñas en el radiante mes de Nisán. Pero escuchad, como un fuego seco vendrá Satanás a quemaros con su aliento que respira envidia de Mí. El mundo vendrá con su helado viento a helar vuestro florecer. Vendrán las pasiones como borrascas. Vendrá el tedio como lluvia persistente. Todos mis enemigos y vuestros vendrán para hacer estéril lo que tendría que brotar de este vuestro florecer en Dios.
Os lo advierto porque lo sé. ¿Pero acaso todo quedará perdido cuando Yo, como agricultor enfermo, más que enfermo: muerto, no podré hablaros más y haceros algún milagro? ¡No! Siembro y cultivo mientras es mi tiempo. Después crecerá y madurará en vosotros, si tenéis cuidado.

HIJOS DE DIOS, HIJOS DEL HOMBRE, 
¿SERÉIS MENOS QUE UNA PLANTA?

Ved aquella higuera de la casa de Simón de Jonás. Quien la plantó no encontró el lugar justo y exacto. Plantada junto al muro que da al norte, habría ya muerto, si ella mismo no se hubiera defendido para sobrevivir y buscó sol y luz. Miradla allá: está doblada, pero fuerte y orgullosa. Cuando amanece disfruta de sol y se provee de savia para sus centenares y centenares de dulces frutos. Por sí misma se ha defendido. Dijo: "El Creador ha querido que lleve alegría y alimento al hombre. ¡Quiero que su querer sea también el mío!" ¡Una higuera! ¡Una planta que no habla! ¡Que no tiene alma! Y vosotros... Hijos de Dios, hijos del hombre, ¿seréis menos que una planta?

TENED CUIDADO DE PRODUCIR FRUTOS DE VIDA ETERNA

AMAD A DIOS Y AL PRÓJIMO. ES LA CONDICIÓN PRIMERA PARA 
PODER REALIZAR CUALQUIER OTRO BIEN.

QUIENES AMEN A DIOS EN DIOS Y POR EL SEÑOR DIOS, 
TENDRÁN EN LA TIERRA Y EN EL CIELO LA PAZ POR 
HABITACIÓN Y POR CORONA.

Tened cuidado de producir frutos de vida eterna. Yo os cultivo y por último os daré un jugo que como él, de potente no existe. No permitáis, no permitáis que Satanás se ría sobre las ruinas de mi trabajo, de mi sacrifico y de vuestra alma. Buscad la luz. Buscad el sol. Buscad la fuerza. Buscad la vida. Yo soy vida, fuerza, sol y luz para quien me ama. Estoy aquí para llevaros al lugar de donde vine. Os hablo para llamaros a todos e indicaros la Ley de los Diez Mandamientos que dan la vida eterna y como consejo, ahora os digo: "Amad a Dios y al prójimo". Es la condición primera para poder realizar cualquier otro bien. Es el más santo de los Diez Santos Mandamientos. Amad. Quienes amen a Dios en Dios y por el Señor Dios, tendrán en la tierra y en el Cielo la paz por habitación y por corona."
La gente difícilmente quiere separarse de Jesús después de que la bendijo. No hay enfermos ni pobres.

VAMOS AL LAGO A ECHAR LA RED

HAZ LO QUE TE DIGO, PEDRO, 
Y ESCUCHA SIEMPRE AL QUE TE AMA.

HARÉ LO QUE DICES POR RESPETO A TU PALABRA

Jesús dice a Simón: "Llama también a los otros dos. Vamos al lago a echar la red."
"Maestro, no puedo mover los brazos porque toda la noche he estado arrojando y sacando la red y para nada. Los peces están en lo profundo o quién sabe en dónde."
"Haz lo que te digo, Pedro, y escucha siempre al que te ama."
"Haré lo que dices por respeto a tu palabra" y llama en voz alta a los trabajadores y también a Santiago y a Juan. "Vamos a pescar, el Maestro quiere." Mientras se alejan dice a Jesús: "Pero, Maestro, te aseguro que no es esta la hora. Porque a esta hora ¡quién sabe en dónde estarán los peces descansando!..."
Jesús sentado en la proa, sonríe y calla. 
Hacen un arco de círculo sobre el lago y después echan la red. Pocos minutos de espera y luego la barca se siente mover extrañamente, porque el lago está terso como si fuese un vidrio fundido bajo el sol que está ya sobre el horizonte.
"Pero... si estos son peces, ¡Maestro!" dice Pedro con los ojos fuera de órbita.
Jesús sonríe y calla.
"¡Jalad, jalad!" ordena Pedro a los trabajadores. Pero la barca se va del lado de la red. "¡Ey! ¡Santiago... Juan! Pronto, ¡venid con los remos! ¡Pronto!"
Veloces vienen y con los esfuerzos de los remeros de ambas embarcaciones logran levantar la red sin perder la pesca.
Las barcas se juntan. Un cesto, dos, cinco, diez, están llenos de una pesca sin igual, y todavía hay multitud de peces que se mueven en la red: plata y bronce vivo que se mueven para escapar de la muerte. Entonces no queda otro remedio que echar el resto en le suelo de las barcas. Lo hacen y ese suelo es un todo agitarse de vidas en agonía. Los remeros están más arriba de donde se mete el remo y hasta ahí llegan los montones de pescado y las barcas se hunden más arriba de la línea de inmersión por el peso excesivo.
"¡A tierra! ¡Vira! ¡Fuerzas! ¡Las velas! ¡Cuidado con el fondo! prontas las varas para evitar el choque,¡es mucho peso!"

¡MAESTRO, SEÑOR! ¡APÁRTATE DE MÍ! SOY UN POBRE PECADOR. 
¡NO SOY DIGNO DE ESTAR CERCA DE TI!

¡LEVÁNTATE, SÍGUEME! ¡NO TE DEJO MÁS! DE AHORA EN 
ADELANTE SERÁS PESCADOR DE HOMBRES Y CONTIGO ESTOS 
TUS COMPAÑEROS. NO TENGÁIS MIEDO. OS LLAMO. ¡VENID!

Mientras duran las maniobras, Pedro no cae en la cuenta. Pero llegados a tierra, se detiene a pensar. Comprende. Se llena de pavor. "¡Maestro, Señor! ¡Apártate de mí! Soy un pobre pecador. ¡No soy digno de estar cerca de Ti!" y se arrodilla sobre la húmeda arena.
Jesús lo mira y sonríe. "¡Levántate, sígueme! ¡No te dejo más! De ahora en adelante serás pescador de hombre y contigo estos, tus compañeros. No tengáis más miedo. Os llamo. ¡Venid!"

¡JESÚS! BENDITO SEA EL ETERNO POR ESTA ELECCIÓN.

"Al punto, Señor. Ocupaos vosotros de las barcas. Llevad todo esto a Zebedeo y a mi cuñado. Vamos, todos por Ti, ¡Jesús! Bendito sea el Eterno por esta elección."
I. 385-397
A. M. D. G.

Vangelo della Domenica V SETTIMANA Tempo Ordinario Anno C, 10 febbraio 2013 : <<... Portate tutto a Zebedeo e a mio cognato. Andiamo. Tutti per Te, Gesù! Sia benedetto l'Eterno per questa elezione!>>




65. 
La pesca miracolosa e l'elezione dei primi quattro apostoli. Mt 4, 18-22; Mc 1, 16-20; Lc 5, 1-11
E [la visione] riprende sulle parole di Gesù:

«Quando a primavera tutto fiorisce, l'uomo del campo dice, contento: "Avrò molto frutto ". E giubila in cuor
suo per questa speranza. Ma dalla primavera all'autunno, dal mese dei fiori a quello delle frutta, quanti
giorni, quanti venti, e piogge, e sole, e burrasche hanno da passare, e talora guerra o crudeltà di potenti, e
malattie delle piante, e talora malattia dell'uomo del campo, per cui - non più scalzate e rincalzate, irrigate,
potate, sorrette, pulite - le piante, promettenti gran frutto, intristiscono e muoiono o totalmente o nel loro
raccolto!
Voi mi seguite. Voi mi amate. Voi, come piante a primavera, vi ornate di propositi e di amore. Veramente
Israele in quest'alba del mio apostolato è come le nostre dolci campagne nel luminoso mese di nisam. Ma
udite. Come arsione di siccità, verrà Satana a bruciarvi col suo alito che mi invidia. Verrà il mondo col suo
vento gelato a ghiacciare il vostro fiorire. Verranno le passioni come burrasche. Verrà il tedio come pioggia
ostinata. Tutti i nemici miei e vostri verranno per isterilire ciò che dovrebbe venire da questa santa vostra
tendenza a fiorire in Dio. Io ve ne avverto, perché so.



Ma tutto allor sarà perso, quando Io, come agricoltore malato - più che malato, morto - più non potrò dare a voi parole e miracoli? No. Io semino e coltivo sinché è il mio tempo. Poi su voi crescerà e maturerà, se voi farete buona guardia.


Guardate quel fico della casa di Simone di Giona. Chi lo piantò non trovò il punto giusto e propizio. Messo a
dimora presso l'umido muro di settentrione, sarebbe morto se, da sé stesso, non avesse voluto tutelarsi per
vivere. Ed ha cercato sole e luce. Eccolo là, tutto piegato, ma forte e fiero, che beve dall'aurora il sole, e se ne
fa succo per i suoi cento e cento e cento dolci frutti. Si è difeso da sé. Ha detto: "Il Creatore m'ha voluto per dar gioia e cibo all'uomo. Io voglio che il suo volere abbia a compagno il mio!". Un fico! Una pianta senza parola! Senza anima! E voi, figli di Dio, figli dell'uomo, sarete da meno della legnosa pianta?

Fate buona guardia per dar frutti di vita eterna. Io vi coltivo, e per ultimo vi darò un succo che più potente non ne esiste. Non fate, non fate che Satana rida sulle rovine del mio lavoro, del mio sacrificio e della vostra anima. 
Cercate la luce. Cercate il sole. Cercate la forza. Cercate la vita. Io sono Vita, Forza, Sole, Luce di chi mi ama. Qui sono per portare voi là da dove Io sono venuto. Qui parlo per chiamarvi tutti e additarvi la Legge dai dieci comandi che danno la vita eterna. E con consiglio d'amore vi dico: "Amate Dio e il prossimo". Condizione prima per compiere tutto ogni altro bene. Il più santo dei dieci comandi santi. Amate.
Coloro che ameranno in Dio, Dio e prossimo, e per il Signore Iddio, avranno in terra e in Cielo la pace per loro tenda e per loro corona».

La gente si allontana a fatica dopo la benedizione di Gesù. Non ci sono malati né poveri.

Gesù dice a Simone: «Chiama anche gli altri due. Andiamo sul lago a gettare la rete».
«Maestro, ho le braccia rotte dall'aver gettato e rialzato la rete per tutta la notte, e per nulla. Il pesce è nel profondo e chissà dove».
«Fa' quel che ti dico, Pietro. Ascolta sempre chi ti ama».
«Farò quel che Tu dici, per rispetto alla tua parola» e chiama forte i garzoni e anche Giacomo e Giovanni.
«Usciamo alla pesca. Il Maestro lo vuole». E mentre si allontanano dice a Gesù: «Però, Maestro, ti assicuro che non è ora propizia. A quest'ora i pesci chissà dove sono a riposo!... »

Gesù, seduto a prora, sorride e tace.
Fanno un arco di cerchio sul lago e poi gettano la rete. Pochi minuti di attesa e poi la barca riceve scosse
strane, dato che il lago è liscio come di vetro fuso sotto il sole ormai alto.
«Ma questo è pesce, Maestro!» dice Pietro ad occhi spalancati.
Gesù sorride e tace.
«Issa! Issa!» ordina Pietro ai garzoni. Ma la barca piega di bordo dal lato della rete. «Ohè! Giacomo! Giovanni! Presto! Venite! Coi remi! Presto!».

Quelli corrono, e gli sforzi delle due ciurme riescono ad issare la rete senza sciupare la preda.
Le barche accostano. Sono proprio unite. Un cesto, due, cinque, dieci. Sono tutti pieni di preda stupenda, e ce
ne sono ancor tanti di pesci guizzanti nella rete: argento e bronzo vivo che si muove per sfuggire alla morte.
Allora non c'è che un rimedio: rovesciare il resto nel fondo delle barche. Lo fanno, e il fondo è tutto un agitarsi di vite in agonia. La ciurma è dentro a questa dovizia sino a oltre il malleolo, e le barche affondano oltre la linea di immersione per il peso eccessivo.
«A terra! Vira! Forza! Di vela! Attenti al fondale! Pertiche pronte per riparare l'urto! È troppo il peso!».
Finché dura la manovra, Pietro non riflette. Ma giunti a terra lo fa. Capisce. Ne ha sgomento. 
«Maestro Signore! Allontanati da me! Io sono uomo peccatore. Non son degno di starti presso!». È in ginocchio sul greto umido.

Gesù lo guarda e sorride. «Alzati! Seguimi! Più non ti lascio! D'ora in poi tu sarai pescatore d'uomini, e con te questi tuoi compagni. Non temete più nulla. Io vi chiamo. Venite!».
«Subito, Signore. Voi occupatevi delle barche. Portate tutto a Zebedeo e a mio cognato. Andiamo. Tutti per Te, Gesù! Sia benedetto l'Eterno per questa elezione».

E la visione ha termine.
Da L'Evang. come mi é stato rivelato, di M. Valtorta



MAGNIFICAT ANIMA MEA DOMINUM!